Camino al poder

Saúl GÓMEZ BRITO

legalmente, el 7 de octubre da inicio el proceso electoral con nuevas reglas y nuevo árbitro, la transformación y los cambios son inherentes al sistema político, hoy como ayer, se pide que las campañas políticas sean verdaderos espacios de reflexión y propuestas, todo para estar a tono con esta época.
Bueno eso es lo que dice la teoría, la suposición, todo acorde con la reforma política, lo que conviene reiterar es que son muy variadas las formas de entender la política, imperan las políticas de conveniencias, de beneficios y utilidades personales, hasta grupales, en esta algarabía no sobran los recomendados y los facultados de recomendar.
La lucha electoral más o menos espontánea que se avecina, suele enardecerse, no importa cuál sea el nivel de conciencia, ideología o capacidad de organización; por supuesto, no se trata de establecer debates teóricos de corte académico, sino de llegar a discutir situaciones concretas y alternativas procedentes.
Es un error suponer que la reforma política puesta en marcha, es correlativa del viejo orden y de la caducidad de las relaciones políticas de los partidos con la sociedad civil, hay una crisis política manifiesta en el limitado nivel de organización partidista, son luchas aisladas y afectan a las distintas capas de la población.
La reforma política llegó temprano o mejor dicho, llegó tarde, los viejos partidos deben modificar sus procedimientos y sus ordenamientos por nuevas formas de quehacer político, con una presencia más liberal y un idioma democrático, ya que en el interior de esos aparatos y a la postre, desembocan en el marco impuesto de las conveniencias grupales.
A partir de la reforma política o mejor de las reformas estructurales, está el principio de un largo camino que recorrer y, el intento de avanzar en la ambiciosa tarea de contribuir a renovar el marco real en que suele situarse la actual problemática socioeconómica, que habrá de requerir tiempo y esfuerzos partidistas cada vez más serios.
La rigurosa evaluación crítica de la cambiante realidad en que se crea y recrea la política, requiere del diálogo franco y abierto entre quienes, desde distintas posiciones partidistas, han de estar conscientes que las vías de la superación del atraso, no se encontrarán el laboratorio o en los viejos claustros, menos aún en la importación de modelos enajenantes y extremistas.
Hoy, la lucha por el poder es más fuerte que nunca, en realidad ésta es sólo un aspecto de los diversos problemas económicos y políticos por los que atraviesa la sociedad, mismos que han estado minando la capacidad competitiva en los mercados mundiales, lo que ha comprometido la estabilidad.
Hasta hoy, lo que hemos visto es el agravamiento de algunos problemas que afectan a esta entidad, a sus municipios; es claro que se necesitan soluciones que van más allá, mucho más lejos, de las que han estado en vigor durante muchos años, se precisa de medidas de fondo partidistas, que mejoren las estructuras sociales básicas.
El sentido de transición en la reformas es arribar hacia estadios más avanzados, suponen un cambio gradual de participación democrática, con partidos modernos, con cambios apropiados para que el ser humano se transforme con mayor rapidez; las modalidades de esta modificación, han de estar relacionadas con los objetivos de desenajenación de la persona.
En este periodo de transición con sentido democrático, resulta necesario crear las condiciones partidistas y políticas para promover la transformación, que permita mover a México, así como disponer de un creciente número de satisfactores materiales, con otras más como la tarea de mantener una elevada producción. Los recomendados ya no tienen razón de ser.

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