Camino al poder

Saúl GÓMEZ BRITO

Un año de elecciones es un año de retos, 2015 es un año en la perspectiva política y concretamente electoral, de hecho ya nos encontramos en el inicio de las campañas políticas que culminarán el 7 de junio y lo que ocurra en estos meses, será el anticipo de la sucesión presidencial que se pronostica reñida.
Aun así, conviene aclarar que una sociedad plural, en la cual se subsiste con múltiples irregularidades, fallas y limitaciones en la vida democrática, se vive en un marco de legalidad y confianza electoral y se comprende que las elecciones son jurídicamente el medio a través del cual se puede llegar a gobernar.
Hemos de agregar que las elecciones son, o mejor, cumplen su función, en tanto sean realmente representativas, democráticas y limpias o sea, en tanto el pueblo participe libremente en ellas y ejerza sin cortapisas su derecho a votar y pueda hacer que su voto se respete, todo esto tiene importancia.
Hoy se comprende mejor, la sociedad electoral demanda a los responsables de la política, una respuesta acorde con el grado de madurez que los tiempos actuales exigen, más allá de actitudes sistemáticas de defensa y de afirmaciones unilaterales; nuestro deber, es ver el cuadro real de la situación social y actuar en consecuencia.
Es claro, ha llegado la hora de mirar en el espejo del pasado para no detenernos más, esto debe tenerse en cuenta, creo, estamos conscientes que el triunfo de las elecciones depende del modo decisivo y prontitud de comprender la necesidad de realizar los cambios y, esto depende también de la firmeza con la cual se apliquen las políticas de principios.
Es cierto, la historia siempre acaba por tomar caminos inesperados y caprichosos, ante todo cuando se concibe la democracia al igual que el mercado, donde sólo se compite por ganar votos, relegando la política y dando pie al dicho popular que, las opciones políticas a la postre sólo ofrecen “más de lo mismo”.
A pesar de todo, hoy en día la carrera política, la que conduce a ocupar grandes cargos, aún consiste en el arte cortesano de escalar los corredores intestinos, que logran el favor de las cúpulas establecidas, sin asumir otra representación social que los intereses de quien les apuntalan, concepción totalmente opuesta al interés común.
Ahora se necesita una política en materia de personal directivo, que responda a las exigencias de las transformaciones, a la necesidad de acelerar el desarrollo económico; cuando enunciamos estos criterios básicos de esta política, debemos tener en cuenta las lecciones del pasado, así como las tareas actuales.
Al mismo tiempo, en el actual proceso electoral, es necesario hablar de los errores políticamente cometidos durante años a la hora de nombrar candidatos y, de las deformaciones en la política personal, lo que ha originado graves defectos en la actividad de los partidos, provocando fenómenos negativos en la sociedad. Se pueden evitar más errores, si los partidos políticos aplican políticas de principios, garantizando confianza en sus aspirantes, tomando en cuenta la visión ideológica, así como la madurez política, la integridad moral y, la capacidad de persuadir y dirigir; debemos admitir abierta y honestamente, que la corrupción en la política ha causado un considerable daño a la democracia. Ante tal situación, en esta hora de efervescencia política, los partidos, conscientes de sus responsabilidades han de estar atentos a su compromiso y deber ante el pueblo, pues el desgaste y crisis del sistema político, requiere el fortalecimiento de las instituciones electorales y una democracia participativa y plural, donde todos puedan tener injerencia en la toma de decisiones.

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