Los colores de la Blancas

Por Isabel Blancas

Esta columna no tendrá un color en particular porque lo que vivieron y narraron estos operadores de algunas unidades cuando fueron secuestrados por jóvenes que a pesar de que se identifican como estudiantes de Tenería, la realidad es que no son más que vándalos y delincuentes.

Con lágrimas en los ojos y la voz entre cortada iniciaron a contar lo vivido el viernes 28 de octubre pasadas las 23:00 horas y es cuando algunos se preparaban para descansar en sus camarotes o sobre los asientos de sus autobuses, fueron interrumpidos por fuertes bocinas de otro camión que pensaron era un compañero pero nunca imaginaron que llegarían más de 50 chicos de entre 18 y 25 años armados con palos y tubos.

“Entraron y empezaron a golpear los camiones, a romper ventanas, parabrisas y gritando que a quien encontraran les iría muy mal. Yo estaba muy asustado porque se escuchaba una turba y no sabía que estaba pasando”, narraba mientras sus manos sudaban solo de recordarlo.

Dijo que el miedo lo paralizó y sólo pudo enconcharse en el sillón en el que se encontraba dormido y se cubrió con las cobijas mientras escuchaba cómo rompían vidrios y golpeaban hasta que sintió que lo que quedaba de la ventana que estaba sobre él le caían en la cabeza.

“Fueron los 10-15 minutos más largos de mi vida, es lo peor que he vivido. Cuando escuche silencio y que supuse ya se habían ido, baje con mucha precaución de mi unidad pero no podía dejar de temblar, no podía ni hablar, no controlaba mi cuerpo”.

Las demás historias son aún más reveladoras y es que quienes vivieron dentro de la escuela durante 11 días eran prácticamente prisioneros pues no les dejaban usar el teléfono pues les advertían que quienes lo hicieran los golpearían. No los dejaban bajar de sus camiones más que al baño, eso si, custodiados por dos o cuatro jóvenes con palos y tubos.

“Si nos daban de comer pero había horarios y si llegábamos hasta un minuto tarde ya no había alimento para nosotros”.

Todo era tipo militar pues quien dirige y encabeza esto es justamente un militar que dicen viene de Chiapas y pertenece al Ejercito Zapatista.

“Él es el que manda, el que dice que se hace y cómo se hace. Los chicos le tienen miedo y lo obedecen en todo, dicen que tienen que derogarse para aguantar todo lo que tienen que hacer porque en su juicio, no saben si tendrían el valor”.

Drogas, violencia, intimidación y miedo es lo que existe tras estas historias que ruegan a Dios no tener que vivir nuevamente pues desde entonces no pueden conciliar el sueño, tienen miedo de volver a manejar y han tenido que recibir apoyo psicológico porque el impacto emocional fue demasiado para muchos.

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