Perder la práctica de valores

Jessica Mariana Rodríguez Sánchez

Cuando los valores se fomentan como parte del actuar cotidiano las relaciones interpersonales son, sin duda, más armoniosas; sin embargo, saber quién, dónde y cómo enseñar valores son cuestiones que parecieran simples de responder pero en realidad denotan que algo está impidiendo lograr el pleno desarrollo de los mismos.
Hablar de quién y dónde se enseñan, involucra primeramente la participación de los padres de familia, ya que en casa son los primeros en enseñar los valores a los hijos y advertir sobre las consecuencias que se deben asumir en caso de realizar algo incorrecto. En segundo plano, los valores se fortalecen en la escuela, pues es obligación del docente enseñar a los alumnos a comportarse de manera que su actuar no afecte a los demás ni a sí mismo. En ambos casos es importante que la explicación de la importancia de los valores en la vida cotidiana vaya acompañada con el ejemplo y buen actuar cotidiano de quien los promueve.
Hablar del cómo se transmiten los valores conlleva una responsabilidad personal, por ejemplo, los padres pueden reflexionar al respecto de una educación en donde prime el afecto y el amor y no las cosas materiales, pues los  valores esenciales en el crecimiento y desarrollo sano del menor tienen su principal fundamento en tratar a los hijos como seres con necesidad de afecto y protección.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos destaca que enseñar valores implica un compromiso personal, es necesario dar el ejemplo con actos y palabras claras y sencillas para que los niños los asimilen, los imiten y los vivan. Asimismo, refiere  que los padres asumen, a veces equivocadamente, que los niños tienen valores «aprendidos», cuando en realidad pueden estar confundidos si nunca fueron discutidos, explicados y comentados en forma clara.
Este punto es fundamental para todo el aprendizaje de valores, ya que muchas veces se cree que los hijos han entendido cabalmente el concepto y aplicación de ciertos valores, pero los padres o, en su caso, los maestros nunca se han sentado a platicar con los menores sobre qué entienden por dicho valor y dónde y cuándo se aplican. Si los niños no tienen claro el concepto es fácil que cometan errores y esto será debido a la confusión existente en ellos.
Este tema de los valores tal vez parezca redundante, y para muchos hasta tedioso porque están cansados de escuchar «lo mismo» una y otra vez, pero entonces empecemos a demostrar que realmente queda claro que practicar los valores en nuestra vida cotidiana y dirigirnos siempre con respeto hacia los demás permite que seamos mejores personas, tengamos una mejor calidad de vida y logremos una buena convivencia con los demás.
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Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México.

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