Lilia González
Originario de Villa Guerrero, Joaquín Antonio es un menor diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA), quien ha demostrado que crear arte no es sólo un pasatiempo sino su estilo de vida, pues a diario crea universos; dibuja y construye personajes con plastilina, foamy moldeable, plumones y filamento 3D.
“Desde muy pequeño me gusta la manualidad, el arte, mis obras las hago con foamy moldeable y otros materiales. Me gusta crear personajes o hacer versiones de cosas ya existentes”, comentó.
Su mamá, María Guadalupe Pedrosa Mendoza aseguró que el arte es su hiperfoco, es decir, Joaquín tiene una capacidad de concentración profunda, intensa y sostenida hacia el arte, lo que le ha motivado a vender desde lapiceros decorados hasta dulces para comprar los materiales que requiere para plasmar sus ideas.
Su sueño es dedicarse a la animación y ya se encaminó al objetivo; adquirió -con ahorros- una tableta gráfica que hoy ya contiene algunos de los personajes de su propia serie.
“Ahorre mucho, puse mi puesto de dulces y ahorre hasta el mínimo peso para comprarme la tableta, ya estoy creando los personajes de la serie y buscaré difundirla en mi propio canal de YouTube”, aseguró el menor mexiquense.
Entendiendo que el TEA es una condición, más no una limitante, María Guadalupe hizo un llamado a la sociedad para eliminar prejuicios y no excluir a quienes son diferentes, por el contrario, a ofrecer un entorno adecuado y coadyuvar para que sus diferencias en el procesamiento se transformen en formas alternativas de aprender, crear y aportar a la sociedad.
“¡También ellos tienen sus talentos! Antes de juzgar demos una oportunidad de conocer a las personas porque realmente nos pueden enseñar mucho y pido a los papás de un niño especial que los apoyen, que impulsen sus talentos y fortalezas, a veces queremos tirar la toalla, pero hay mucho qué hacer por ellos, impulsándolos nos pueden dar grandes satisfacciones”, expresó.
Características clínicas del TEA
La neuropsicóloga Monserrat Rojas Espinosa, adscrita a la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) refirió que con base en estadísticas del INEGI y otras instancias, se estima que de cada 200 menores, uno pudiera tener TEA. “Es una cifra compleja porque el autismo muchas veces no se diagnostica de manera temprana, muchos casos de detectan en la adolescencia o la etapa de la adultez”.
De acuerdo con estimaciones, el 20 por ciento logra acceder a un diagnóstico oportuno, fundamental para la atención temprana y menos del 15 por ciento tiene acompañamiento educativo a lo largo de la vida.
Entre las principales características clínicas de quien tiene la condición destaca: dificultades en interacciones sociales, alteraciones y retrasos en la adquisición del lenguaje, comportamientos repetitivos, y en algunos casos: falta de contacto visual y trastornos de aprendizaje.
Al respecto, Rojas Espinosa puntualizó que el vincularse afectivamente con otras personas es el reto principal de quienes tienen algún grado de autismo, al percibir la realidad de manera diferente.
“Otra característica es que suelen tener intereses rígidos, por lo que si hay un tema en particular que les llama la atención, profundizan en ello al grado de saber más del tema que la mayoría de la sociedad”, agregó.
Al enfatizar que el autismo no es estático, la especialista destacó la importancia de que las familias de personas que viven con la condición sean una red de apoyo y los acerquen con especialistas para que les ayuden a comprender el tema y tomar terapia para acompañar sus diferentes niveles de funcionalidad de TEA.














