Cristian Millan
Los Angeles Chargers viven una pesadilla en el arranque de la temporada 2026 de la NFL. Con cinco derrotas consecutivas, una ofensiva que no encuentra respuestas y un Justin Herbert lejos de su mejor versión, las alarmas están encendidas en Los Ángeles. Sin embargo, la directiva tiene clara su postura: el quarterback no está en venta.
Herbert suma 937 yardas por pase, cinco touchdowns y siete intercepciones en los primeros cinco encuentros de la campaña. Sus números reflejan un comienzo complicado para un mariscal que sigue siendo considerado una pieza fundamental en el futuro de la franquicia.
La caída más reciente llegó el domingo 11 de octubre, cuando los Chargers dejaron escapar una ventaja de siete puntos y perdieron 23-17 frente a los Denver Broncos. Herbert terminó con apenas 121 yardas por aire y cometió una intercepción y un balón suelto en el último cuarto, errores que facilitaron la remontada de Denver.
En medio de la crisis, surgió la posibilidad de que Los Ángeles pudiera obtener hasta tres selecciones de primera ronda a cambio de su quarterback. La idea alimentó el debate sobre si el equipo debería considerar una reconstrucción, pero no se trató de una oferta formal de otra franquicia.
Adam Schefter consultó a una fuente de alto nivel de los Chargers y recibió una respuesta contundente: la organización asegura que nunca ha discutido la posibilidad de negociar a Herbert. Por ahora, el club mantiene su confianza en el mariscal, pese a los resultados adversos.
Herbert firmó una extensión de cinco años y 262.5 millones de dólares en 2023, un compromiso que refuerza su lugar en los planes de la franquicia. Después de una temporada anterior de 11 victorias y una aparición en playoffs, el desplome actual obliga al equipo a buscar soluciones sin perder de vista el proyecto que construyó alrededor de su quarterback.
La misión inmediata será recuperar la estabilidad ofensiva, reducir los errores y encontrar la forma de convertir las oportunidades en victorias. El margen de maniobra se reduce con cada derrota, pero la postura de la directiva no ha cambiado.
La pregunta ahora es cuánto tardará el equipo en encontrar el rumbo antes de que una temporada que comenzó con expectativas termine convertida en una crisis mayor.







