Redacción
Puede parecer una broma o un titular exagerado, pero el tema circula con seriedad en el entorno del esquí de salto. A unos días del arranque de los Juegos Olímpicos de invierno en Cortina d’Ampezzo, ha tomado fuerza el rumor de que algunos de los principales saltadores del mundo analizan someterse a inyecciones de ácido hialurónico en el pene como una vía indirecta para mejorar su rendimiento deportivo.
La hipótesis se basa en un principio aerodinámico conocido dentro de la disciplina. En los saltos de esquí, el diseño y ajuste del traje resulta determinante para la sustentación en el aire. Cuanto mayor es la holgura entre el cuerpo del atleta y el mono, mayor resistencia al aire se genera y, con ello, más tiempo de vuelo durante el descenso.
El reglamento internacional permite una tolerancia de entre dos y cuatro centímetros entre el cuerpo y el traje. De acuerdo con un estudio publicado en octubre pasado en la revista científica Frontiers, un incremento mínimo dentro de ese margen podría traducirse en una mejora superior a cinco metros en la distancia final del salto, una diferencia decisiva en competencias de alto nivel.
La Federación Internacional de Esquí y Snowboard realiza al inicio de cada temporada un escaneo tridimensional a los atletas para definir las medidas oficiales de sus trajes. La medición toma como referencia el punto más bajo de la entrepierna, por lo que cualquier variación previa podría influir en el diseño final del mono sin generar alertas inmediatas durante la competencia.
Ante la difusión del tema, la Agencia Mundial Antidopaje reconoció que sigue de cerca la discusión, aunque aclaró que hasta ahora no existen elementos técnicos que permitan considerar este método como una forma comprobada de mejora del rendimiento. La posibilidad, sin embargo, abrió un debate sobre prácticas que no encajan de forma directa en los esquemas tradicionales de dopaje.
El antecedente más reciente de manipulación en esta disciplina ocurrió en marzo del año pasado, durante el Campeonato Mundial de Trondheim, donde cinco integrantes del equipo noruego fueron suspendidos tras comprobarse que alteraron las costuras de sus trajes para obtener mayor holgura. La sanción se aplicó luego de que un video evidenciara la modificación del equipo antes de competir.
Exsaltadores olímpicos coinciden en que la búsqueda de ventajas técnicas no es nueva. Desde décadas atrás, los controles sobre los trajes han sido estrictos, con pruebas específicas para verificar la circulación de aire y sellos obligatorios para evitar modificaciones posteriores. Aun así, reconocen que cada temporada surgen intentos por ganar centímetros decisivos.
En un deporte donde la diferencia entre el podio y el anonimato se mide en metros, la discusión vuelve a poner sobre la mesa una constante del alto rendimiento: la innovación siempre corre delante del reglamento, y el desafío para las autoridades consiste en distinguir entre evolución técnica y trampa.

