Redacción
La escena política venezolana entra en una fase de transición. Delcy Rodríguez se coloca al frente del Ejecutivo como presidenta encargada, luego de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y en medio de un ambiente de tensión institucional y social.
La juramentación ocurre ante la Asamblea Nacional mientras distintos actores del poder político buscan acomodarse. El Tribunal Supremo de Justicia ordena su nombramiento con el respaldo de la cúpula militar, que mantiene un rol determinante dentro del equilibrio interno.
Rodríguez llega al cargo desde la vicepresidencia, posición en la que concentraba amplia influencia sobre áreas estratégicas del Estado, desde la economía petrolera hasta los aparatos de inteligencia. Su trayectoria se vincula al proyecto iniciado por Hugo Chávez y se extiende por diversos ministerios y espacios de decisión. Su relación con sectores financieros y energéticos internacionales forma parte de la red de vínculos que la rodea.
La nueva mandataria interina enfrenta un escenario complejo: presiones externas, expectativas internas y el reto de sostener cohesión dentro del oficialismo. En Washington, el gobierno de Estados Unidos insiste en condicionar cualquier acercamiento al cumplimiento de su agenda política. En Caracas, distintos sectores debaten el alcance real de la autoridad provisional y el rumbo de la transición.
El marco constitucional abre interrogantes. La carta magna contempla elecciones en caso de ausencia permanente del presidente, pero el Tribunal Supremo clasifica la situación como temporal. Bajo esa interpretación, el poder de la presidencia encargada se extiende por plazos que podrían llegar a seis meses, con posibilidad de ampliación por decisión legislativa.
Mientras tanto, la figura de Rodríguez se convierte en el eje de una etapa que combina disputas institucionales, presiones internacionales y cálculos dentro del partido gobernante. El reto inmediato se concentra en administrar la crisis, contener fracturas y definir si el país se dirige hacia un proceso electoral o hacia una prolongación del interinato bajo nuevas reglas de juego.


