Gente que inspira

0
347
Foto especial

MARIANA “LA BARBY” JUÁREZ

La chica que triunfó en un mundo de machos

Por Monick Huitrón

La primera vez que se puso los guantes fue para aprender a defenderse porque era muy tímida y porque no le gustaban otros deportes de defensa personal. Solo que, jamás se imaginó que el boxeo se convertiría en su profesión y que para llegar a triunfar, tendría que enfrentarse a malos tratos, humillaciones y discriminación por ser mujer.  Cando tenía cinco años jugaba al fútbol porque don Jorge, su papá, armó un equipo y lo metió a competir a una liga en el Distrito Federal; ella era la única niña en todo el torneo y desde entonces y hasta la secundaria, soñaba con llegar a ser una gran figura del balompié, solo que el sueño se le vino abajo al ver que no había apoyo para las mujeres en ese deporte. Cuando tenía 18 años, una tarde llegó a un gimnasio y se encontró con un grupo de chicos que estaban haciendo sparring y quedó encantada; en poco tiempo, descubrió que sería boxeadora y empezó así la historia más apasionante de su vida, pero también su lucha más dura al tener que enfrentarse a un mundo de hombres en el que no había cabida para las mujeres; no, hasta que ella se impuso, con tenacidad, paciencia, esfuerzo y mucho carácter, demostró que era tan fuerte, valiente y entrona, incluso, más que muchos de ellos.  Las burlas y las faltas de respeto la hicieron fuerte y le pulieron el orgullo de mujer y aunque, a solas, lloraba, supo aguantar y en muy poco tiempo, en sólo ochos meses y ante la sorpresa de todos, Mariana estaba lista para su debut, solo que había que buscar una sede en provincia ya que en la Ciudad de México no era permitido que una mujer fuera boxeadora y menos que compitiera de manera profesional. Se logró que la pelea fuera en Guadalajara y en el primer round y por nocaut, se anotó su primer triunfo. A ese nivel le tocó lidiar contra el terrible machismo y la discriminación hacia las mujeres en el boxeo. Después de varias peleas y decepcionada por la postura de la gente del negocio que veía a las boxeadoras como relleno en las grandes pelas, se armó de valor y dejó México y se fue a los Estados Unidos buscando mejores oportunidades, sin embargo, las cosas no fueron nada fáciles y se convirtió en una inmigrante más, aunque con papeles: durante un tiempo le tocó dormir en el piso de un apartamento donde la recibieron; ya luego pudo rentar una sencilla casa rodante y tuvo que meterse a trabajar  en una fábrica de ropa coreana donde le pagaban 20 centavos por prenda y un dinero extra porque sabía coser. Eso sí, por nada dejaba de entrenar en los ratos que tenía libres, solo que no podía dedicase al cien por ciento a su carrera ya que había que trabajar para sobrevivir; un día de esos en los que Dios regala milagros, conoció a un entrenador que le consiguió el apoyo de un grupo de camioneros que empezaron a darle una mensualidad para que dejara el trabajo y pudiera enfocarse de lleno a su carrera; gracias a esa gran ayuda, pudo regresar a lo suyo y prepararse para pelear hasta convertirse en campeona mundial. Después de cinco años radicando fuera, regresó a México porque deportaron a su pareja; a sus 27 años se había convertido en mamá de una hermosa bebé  y a los seis meses, le tocó enfrentar la dura prueba de convertirse en madre soltera porque el “hombre” se había ido. Sola, pero con el apoyo de su familia, Mariana se vio desesperada y sumida en una gran tristeza; una tarde, pasando frente al gimnasio en el que entrenaba entendió que no sabía hacer otra cosa en la vida y decidió que con su oficio, como boxeadora, le daría a su hija todo lo que necesitara. Y resurgió la guerrera, con más poder y con más fuerza que antes. El dolor se convirtió en coraje y su regreso fue a lo grande y desde entonces nadie la ha podido parar. Gracias a su calidad como boxeadora y a sus diversos títulos ganados dentro y fuera de nuestro país, ha logrado que se le dé un lugar importante a la mujer dentro del boxeo. Y, esta es, creo yo, la mayor de sus victorias, el que hoy día se respete a la mujer y que, desde los promotores, la prensa, el público y sus mismos colegas hombres, se pongan de pie, reconozcan y aplaudan la calidad y la valentía de nuestras boxeadoras. Otro gran logro de Mariana es que ha peleado mucho para que se les pague mejor, y lo ha conseguido, aunque aún están muy por debajo de lo que cobran ellos. Su imagen le ha valido ser portada de revistas; Playboy le pagó un cheque de 6 ceros por aparecer en uno de sus números. Ha participado como conductora y comentarista en importantes peleas y eventos deportivos. Es considerada la mejor boxeadora y la mejor pagada de México y de América Latina. Y entre todos los compromisos que atiende, allá en su colonia, en la Santa Úrsula Coapa, atrás del Estadio Azteca, mantiene en pie su gimnasio en el que apoya a niños y jóvenes en extrema pobreza y en situación de calle y adicciones. También recibe a mujeres que quieran practicar deporte pero que no cuenten con recursos económicos. Y, es que, no se le olvida de dónde viene. No pierde la sencillez y la calidez con las que inició. Esta es Mariana, a la que unos gringos bautizaron como “La Barby” durante una pelea en Cancún; la chica que, contra todo pronóstico,  triunfó en un mundo de machos y que nos demuestra que todo, todo, es posible cuando se tiene voluntad y muchas ganas.