Redacción
El impacto del terremoto en Myanmar continúa aumentando, con un saldo de más de 2 mil muertos y miles de heridos. La junta militar decretó una semana de duelo nacional en respuesta a la magnitud de la tragedia. Las banderas ondearán a media asta en todo el país como muestra de respeto a las víctimas y sus familias.
La búsqueda de sobrevivientes sigue en diversas regiones, pero la esperanza de encontrar personas con vida disminuye con el paso de las horas. Las zonas más afectadas enfrentan dificultades para recibir ayuda debido a la infraestructura dañada y la escasez de recursos. Equipos de rescate nacionales e internacionales trabajan para atender a los damnificados y localizar a quienes continúan desaparecidos.
Los expertos advierten que el número de víctimas podría seguir aumentando a medida que se accede a áreas de difícil alcance. La crisis humanitaria se agrava en un país ya afectado por el conflicto interno y la precariedad económica. Organismos internacionales han enviado asistencia, pero las condiciones en el terreno complican la distribución de suministros.
El sismo, con una magnitud de 7.7, se sintió en varios países vecinos, incluida Tailandia. La comunidad internacional expresó su solidaridad y ofreció apoyo logístico y financiero. Autoridades locales priorizan la atención médica y el restablecimiento de servicios básicos en las zonas más afectadas.
Mientras avanzan las labores de rescate y recuperación, la población enfrenta una de las crisis más graves en la historia reciente del país. La reconstrucción demandará esfuerzos sostenidos y el apoyo de la comunidad internacional para mitigar los efectos de la catástrofe.