sábado, abril 20, 2024
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Reconocer el error y pedir perdón: R.M

Rigoberta Menchú, premio nobel de la Paz 1992, afirmó que cualquiera puede incurrir en una falacia en un momento crítico, pero lo importante es tener la humildad para reconocer el error y pedir perdón, y que el ofendido acepte las disculpas.

Así respondió la guatemalteca, defensora de los derechos humanos, al preguntarle su opinión sobre el caso del consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, quien se mofó de la manera de expresarse de un líder indígena de la comunidad chichimeca.

La víspera, el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) dio a conocer que el viernes pasado ofreció disculpas a la Gubernatura Nacional de los Pueblos y Comunidades Indígenas, y aclaró que no tenía intención de humillarlos.

En rueda de prensa, Menchú Tum dijo que tenía otra filosofía del perdón. «Perdonaría a quienes torturaron y asesinaron a mi madre, siempre y cuando me pidieran perdón, pero si no me lo piden a mí cómo voy a saber yo a quién perdonar».

Es un acto de humildad muy importante si lo acepta el ofendido, pero advirtió que en la calle ha escuchado muchos insultos sobre el particular.

Por ello, consideró que se requiere tipificar la discriminación en general, y ella lo hizo en Guatemala, por lo que ahora los tribunales tienen un manual de impartición de justicia en el que se establece que «decir tales expresiones constituye un delito si acaso se hace».

Sin embargo, Rigoberta Menchú aclaró que recién llegó a México y no ha escuchado las declaraciones, por lo que «empezando por eso para mí sería una grosería realmente opinar sobre algo que no lo he escuchado».

En otro tema, comentó que habría querido estar cerca de los hechos de Ayotzinapa y seguir los procesos, pero no es la persona indicada y no tuvo la oportunidad de seguirlo de cerca.

Añadió que si estuviera en sus manos, lo primero que habría hecho es un diagnóstico psicosocial en la zona, de tal manera que las personas pudieran ubicar el contexto. «Lo que no me cabe la menor duda es que está involucrado el crimen organizado y la violencia organizada. Tengo mi opinión, pero estoy lejos de lo que sería lo más sustantivo de un proceso como este, pero bueno, yo pienso que nunca es tarde».

Recordó lo ocurrido en Tlatelolco en 1968 y dijo que cuando llegó a México escuchó, y sigue escuchando, que la historia marca una pauta y eso es lo más importante, «que acompañemos a la gente, que habrá un después y que habrá un antes en ese escenario».

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