NI CÓMO DISFRAZAR A MÉXICO- Isidro O`Shea

0
263
FOTO: Especial

NI CÓMO DISFRAZAR A MÉXICO

Por: Isidro O`Shea

@isidroshea

En las últimas dos semanas hice algo de lo que más me gusta: mostrar y presumir nuestro país, con sus colores, sonidos y olores. Después de varios intentos, a partir del surgimiento del COVID19, logré mostrarle a mi hermano español varias de las aristas del México contemporáneo y su historia.

Si bien, 15 días no dan para recorrer todo el espacio mexicano, creo que fueron suficientes para que se fuera con una idea de lo que México es, de lo que goza, pero también de lo que sufre. Y es que Guille no recorrió México como un turista más, Guille lo vivió.

Antes de continuar he de decir que Guillermo, mi amigo español, ya tenía una gran conexión con México: descendiente de víctimas republicanos, y con familia que algún día tuvo que refugiarse en nuestro país, efecto de la guerra civil española, Guille ve en México una tierra de hermanos que tienden la mano a quienes lo necesitan; no en vano disfrutó tanto la exposición de Lázaro Cárdenas en el centro cultural “Los Pinos”, en donde se muestra entre varias fotos la gran foto de los niños de Morelia quienes fueron acogidos por el gobierno del “Tata Cárdenas”.

Guillermo no solamente gozó dicha exposición, también se maravilló con Teotihuacán; el Museo Nacional de Antropología e Historia; el Castillo de Chapultepec. Asimismo, como un mexicano más gozó la fiesta que junto con mis amigos de la UAEM – a quienes les agradezco infinitamente la alegría de ese día – hicimos en el Tenampa, en plena plaza de Garibaldi. Disfrutó del tequila, el mezcal y hasta del pulque; de los albures y el humor pesado del mexicano, incluso con desconocidos.

Guille disfrutó también de la tranquilidad y belleza de la Roma y Coyoacán; entendiendo asimismo que parecían otras ciudades dentro del caos de la Ciudad de México, y siendo, éstas pocas de las colonias que a pie se pueden recorrer en la capital.

Sin ser creyente, quiso ir por simbolismo a la Basílica de Guadalupe; quedando incrédulo de que tardáramos dos horas en hacer un recorrido de aproximadamente 60 km.

Guille gozó las cálidas aguas del pacífico mexicano en Acapulco, y disfrutó la visita guiada al Estadio Azteca, pues a pesar de vivir a pocos km de los famosos Santiago Bernabéu y el Metropolitano del Atlético de Madrid, como buen futbolero sabía que en el Azteca se habían consagrado Pelé y Maradona; que había sido la gran cancha que había visto el gran gol de Maradona; la misma que vio el mejor partido del siglo, pero sobre todo, la primera cancha y estadio que habían visto lucir a la selección Española la camiseta de una estrella producto de haber sido campeones del mundo en el 2010.

Sin embargo, como ya lo mencioné, Guille no fue un turista dentro de México; Guille vivió las tierras mexicanas. Para mi suerte, pasó de entender muchos de los problemas que México y los mexicanos vivimos, a comprenderlos, al punto, creo yo, de enojarse, de llenarse de rabia, de quedarse callado por largos lapsos de minutos, o incluso, como dicen en España, de haber terminado con la cabeza follada.

Guille, mi hermano, vivió las contradicciones, la desigualdad, la tristeza y nostalgia del mexicano que vive y muere de pie. Estoy seguro, sin que él me lo haya dicho, que al igual que amó México, también lo sufrió, y ante ello pongo una palabra que describe a un país en vías de desarrollo, pero que, desde mi parecer, va marchando hacia atrás: incertidumbre.

A pesar de todo lo que le gustó y disfrutó, mi amigo también conoció y sufrió el otro México: el de la injusticia; el poco desarrollo; la desigualdad; ese que hace que parezcamos el país del ya merito no solo en los mundiales.

Le sorprendió que más del 50% de nuestra economía esté sumergida, y prácticamente con eso se diría todo, pero cabe escribir también que le sorprendieron otras cosas: que a pocos metros de lujosas casas existan otras de adobe o cartón que apenas puedan ser llamadas casas: lo sorprendí haciendo una foto panorámica que evidenciaba dicha desigualdad.

Sufrió el hecho de que ciudades como Acapulco no sean lo de antes, que no se puedan caminar de manera tranquila; sufrió la historia de choferes de Uber que nos contaron sus últimos asaltos que no se remontan a más de un mes. Sufrió el hecho y la mentira de haberle dicho que donde su servidor vivía era medianamente tranquilo, cuando a los tres días, a plena luz del día, en la misma avenida, habría una balacera.

Sufrió la cara de aquellos niños y niñas que nos pedían dinero en la ciudad de México; sufrió las viviendas que vio (Ecatepec) rumbo a Teotihuacán; sufrió el imaginar que la mayor parte de las ganancias de meseros fueran las propinas. Una de sus primeras sorpresas e incredulidades, fue algo que para el mexicano ya es normal y hasta superficial: la cantidad de baches en la ciudad, afirmando algo sumamente lógico que a nadie le podemos reprochar: “en ciudades así, cualquier coche se te jode”.

Guille también vivió México a partir de la televisión, y lamentó que un secretario de hacienda no tuviera cierto carácter al momento de hablarle al pueblo mexicano, pareciendo que apenas sabía leer. A Guille, a quien le debo gran parte de la comprensión de la división entre izquierda y derecha (él se dice más rojo que la sangre) en España, le indignó que saliera todos los días el presidente por las mañanas a no decir nada. Guille también quedó incrédulo de las historias de mi madre, que, sin ser el tema principal, varias veces afirmó que los esposos de sus amigas: “les salieron boxeadores”.

Guille también vivió en carne propia una estupidez: el no haber podido pisar la plancha del Zócalo de la ciudad de México, producto de estar rodeada de granaderos y policías que no permiten la entrada al corazón de México.

Asimismo, sin yo decirle nada al respecto, después de varios días me dijo: “tío, tanto militar me inquieta más que el hecho de sentirme seguro”.

Eso solo es una parte de todo lo que Guille vio y de todo lo que le gustó, pero también lamentó. Seguroestoy de que hoy a más de 9,000 km de distancia la cabeza le sigue dando vueltas, mientras yo egoístamente estoy un poco feliz de sentirme un poco comprendido de los contrastes del México actual: sí un país maravilloso pero un país que difícilmente se puede andar.

Gracias Guillermo por venir a conocer nuestro país.