CO2 EL ASESINO SILENCIOSO- ARIEL PÉREZ

0
153

CO2 EL ASESINO SILENCIOSO

Actualmente, el principal responsable del cambio climático es la actividad humana. El CO2, dióxido de carbono o, simplificando mucho, ‘carbono’, es el principal gas de efecto invernadero de origen humano. Significa que contribuye al calentamiento global, cuyas consecuencias notamos a diario. Es incoloro y carece de olor. Está presente de forma natural en la atmósfera y, sí, forma parte esencial de nuestro organismo.

Cada año se bate un nuevo récord de concentración de carbono en la atmósfera. En cada bocanada de aire que exhalamos, vertemos CO2 a la atmósfera. Eso demuestra que, en general, no es un gas tóxico para las personas. Y, sin embargo, es clave en el calentamiento global.

El carbono es central para la Tierra, ya que la vida está basada en sus compuestos. Por su parte, el ciclo del carbono se refiere al proceso por medio del cual este elemento químico recorre la atmósfera, la corteza terrestre, los suelos, los cuerpos de agua (océanos, lagos, ríos, etcétera) y los seres vivos. 

El ciclo del carbono tiene dos fases. La primera es la geológica, que tarda millones de años en completarse; y la biológica, que se desarrolla en tiempos más reducidos que pueden ir desde días hasta miles de años. 

En la fase biológica, el carbono se encuentra de manera natural en la atmósfera -en forma de bióxido de carbono o metano- como resultado de la descomposición de la materia orgánica, por los incendios forestales, por la erupción de los volcanes o por la emisión de los organismos vivos. Las plantas absorben el CO2 de la atmósfera y, mediante la fotosíntesis, lo utilizan para la construcción de todas sus estructuras (tallos, hojas, raíces, flores, frutos y semillas). Tanto en las plantas como en los ecosistemas puede permanecer durante mucho tiempo, ya sea en la madera que sostiene a los árboles o en la hojarasca que cubre y nutre el suelo.

No obstante, también puede pasar como alimento a los herbívoros. El carbono regresa a la atmósfera por la respiración y digestión de los animales o por la descomposición de sus desechos y de los restos vegetales; y el ciclo se repite, de acuerdo con una explicación de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) contenida en el documento “Cambio climático. Ciencia, evidencia y acciones”, de la serie “¿Y el medio ambiente?”. 

De acuerdo con esta explicación, la segunda fase del ciclo del carbono es la llamada geológica y es mucho más lenta. El bióxido de carbono que está libre en la atmósfera puede disolverse en el océano. Ahí se transforma en bicarbonato y se puede combinar con el calcio para formar grandes acumulaciones de roca caliza. De esta forma, el carbono se integra a la corteza terrestre y constituye la mayor reserva de carbono en todo el ciclo. Después de mucho tiempo, la actividad de los volcanes o la disolución de las rocas calizas (por ejemplo, por el agua de lluvia) regresan el carbono a la atmósfera en forma de gas, es decir, como bióxido de carbono. Y así, se cierra el ciclo geológico. 

El punto de unión más importante de ambas fases del ciclo es la atmósfera, de donde la vegetación y los océanos absorben el carbono, ambos en forma de CO2. 

El problema es que, a través de la destrucción de los bosques, las selvas o los pastizales, la quema de carbón, petróleo o gas natural, la cría de ganado y otras actividades humanas, se ha introducido a este ciclo más y más carbono del que puede absorberse. Al exceder el CO2 en la atmósfera, el equilibrio natural por medio del cual se regula el carbono se rompe y produce un sobrecalentamiento. 

La ruptura de este equilibrio en el ciclo del carbono trae consigo la intensificación del ciclo del agua, lo que significa lluvias más intensas, inundaciones, sequías más pertinaces y aumento del nivel del mar; mayor deshielo de la capa de permafrost y la pérdida de la nieve de temporada, así como el derretimiento de los glaciares y la pérdida de la capa ártica durante el verano; aumento del calor, entre otros cambios que, más temprano que tarde, afectan la biodiversidad, así como la salud y la vida humana.  

El llamado es claro. Necesitamos acción climática urgente y contundente, tenemos que dejar el petróleo bajo tierra y transitar hacia una economía limpia, sustentable y equitativa.