Shaira Mulia
Entre el collage, el cine y la gestión cultural, Monserrath Bracamonte ha encontrado en la creatividad una forma de expresar sus inquietudes, cuestionar lo establecido y construir espacios donde otras voces también puedan ser escuchadas.
Su acercamiento al cine ocurrió casi por casualidad. Durante buena parte de su vida, Monserrath, mejor conocida como Emeonse, no veía demasiadas películas. Fue una persona cercana quien la introdujo en ese universo y le enseñó a mirar más allá de las historias: los encuadres, la fotografía, la iluminación, los sonidos y cada elemento que, al combinarse, construye una narrativa.
En ese descubrimiento encontró una conexión con otra de sus pasiones: el collage. Para ella, ambas disciplinas funcionan como un rompecabezas cuyas piezas adquieren sentido cuando encuentran su lugar. Lo que comenzó como curiosidad por el trabajo de otras personas se convirtió poco a poco en un impulso por crear sus propias historias.
Una de sus apuestas es el cine de terror, un género al que llegó desde una memoria muy personal: los momentos de infancia en los que escuchaba «La mano peluda» junto a su abuelita, sus tías y su mamá. Por eso, el terror no representa solamente miedo o entretenimiento, también es nostalgia, memoria y afecto.
Aunque reconoce que muchas historias recurren a posesiones, brujas, momias y monstruos, considera que el género tiene posibilidades mucho más amplias. «El terror sí se puede diversificar», explica. Puede convertirse en una herramienta para hacer denuncia social, crítica política y mostrar situaciones de la vida cotidiana. Los monstruos, dice, no siempre pertenecen a la fantasía, también pueden ser las personas que nos rodean y las estructuras sociales.
Entre las películas que han marcado su mirada está Huesera, de Michelle Garza Cervera, producción mexicana que aborda la maternidad, la sexualidad y la identidad, cuestionando la idea de que todas las mujeres desean convertirse en madres. También encuentra interés en Talk to Me y Bring Her Back, de los hermanos Danny y Michael Philippou, por la manera en que exploran la pérdida y el duelo.
Esta relación con el género dio origen a un proyecto que actualmente llega a su tercer ciclo de cine de terror. La iniciativa comenzó gracias a la invitación de su amiga Liz, quien impulsaba el espacio Obscura. La propuesta era seleccionar películas para proyectarlas durante octubre y noviembre, pero con una diferencia, después de cada función, el público se quedaría a conversar.
Así, el cine dejó de ser solamente una experiencia para mirar y regresar a casa. Se convirtió en una oportunidad para compartir impresiones, hacer preguntas, descubrir detalles y escuchar otras interpretaciones.
Las primeras ediciones tuvieron distintas líneas curatoriales. En la primera, Emeonse apostó por películas realizadas en Latinoamérica, con la intención de visibilizar propuestas cercanas que suelen pasar desapercibidas frente al cine hollywoodense. En la segunda, centró su selección en producciones de A24, buscando acercar al público títulos menos conocidos de esta compañía.
Para esta tercera edición, el proyecto se volvió itinerante y llegará a cuatro espacios de Toluca: el Museo Casa Toluca 1920, Diorama Café, Calli, el primer centro comunitario LGBT de Toluca, y Fermata, una pizzería impulsada por uno de sus amigos.
La selección también dialoga con las características de cada sede. En el Museo Casa Toluca 1920, la programación se relaciona con el tema de las disidencias; en Diorama Café, la película elegida pone especial atención en la construcción sonora. En Calli recuperará un clásico, Hellraiser, para abrir nuevas conversaciones alrededor de una historia que muchas personas ya conocen. Finalmente, Fermata será otra oportunidad para encontrarse y compartir cine.
Pero si algo atraviesa estos proyectos es la importancia de las redes de apoyo. Emeonse reconoce que sus iniciativas nacen de sus inquietudes, pero también del acompañamiento de sus amistades, quienes prestan sus espacios, comparten conocimientos y hacen posible que las ideas se conviertan en experiencias colectivas.
«En tiempos de individualismo, creo que tener redes de amistad es una forma de resistir muy bonita», comparte.
Esa idea también está presente en otra de sus facetas artísticas. En septiembre, junto con la fotógrafa Saraí Valenzuela, conocida como Onix Seven, presentó la exposición «Rostros disidentes» en el Museo Casa Toluca 1920. El proyecto colaborativo reúne fotografía y collage digital para dar espacio a las historias de personas disidentes que habitan el Estado de México.
Para construir cada pieza, Emeonse trabajó a partir de escritos compartidos por las personas participantes, quienes le permitieron conocer fragmentos de sus historias de vida. En esos testimonios encontró experiencias atravesadas por la violencia, la discriminación y cuestionamientos dolorosos sobre el valor de la propia existencia.
La exposición fue posible gracias a la colaboración de Amanda, directora de Artenema, quien facilitó el acercamiento al museo. Su inauguración contó con el acompañamiento de organizaciones y colectivos LGBTQ+ de Toluca, Lerma, Metepec y municipios cercanos.
Para Emeonse, encontrarse con estas historias permitió reconocer las violencias que comparten muchas personas, pero también la importancia de celebrar sus identidades y formas de expresión. Su deseo es que quienes visiten la exposición cuestionen las normas culturales que reproducimos, desarrollen empatía y comprendan que todas las expresiones de género merecen respeto y reconocimiento.
Rostros disidentes permanecerá en el Museo Casa Toluca 1920 hasta marzo de 2027. Como parte de su programa de difusión se contemplan talleres de collage, actividades de fanzine y sesiones fotográficas con modelo, además de otras propuestas que todavía se encuentran en planeación. Las actividades realizadas en el museo serán gratuitas y algunas podrían requerir registro previo.
Su interés por contar historias sobre el territorio también llegó a la pantalla con «El chiste es destruir Ciudad Croqueta», un cortometraje experimental realizado junto a Bruno Seyer. La idea original y el guion surgieron de Emeonse, quien también participó en la dirección, animación y construcción sonora.
La obra combina imágenes de Toluca con fragmentos de collage análogo y plantea una reflexión política sobre el proyecto de ciudad. Destruir Ciudad Croqueta no significa hacerlo literalmente, sino cuestionar aquello que no contempla a todas las personas que habitan este territorio.
El cortometraje se realizó en menos de cuatro meses, aprovechando los tiempos libres de ambos creadores, quienes también mantienen trabajos y otros proyectos. Fue proyectado en el Museo de la Acuarela y en el Museo Casa Toluca, además de formar parte del cierre de la muestra de cortometrajes Rompiendo Espejos.
La respuesta del público fue una de las experiencias más significativas para Emeonse. Personas de distintas generaciones compartieron sus impresiones y hablaron sobre la manera en que viven y perciben Toluca. Lo que comenzó con la incertidumbre de no saber si el mensaje experimental sería comprendido terminó en una conversación en la que los asistentes reconocieron sus propias experiencias en las imágenes de la ciudad.
Actualmente, el cortometraje también puede encontrarse en YouTube y Emeonse decidió proyectarlo antes de cada función de su ciclo de cine para que más personas puedan conocerlo.
Detrás de estas actividades hay también un proceso personal. El autocuidado y el autoconocimiento le ayudaron a recuperar ese tiempo y dirigirlo hacia lo que le hace feliz: crear, impartir talleres, andar en bicicleta, entrenar y desarrollar sus propias ideas. Para ella, Emeonse es precisamente eso: un alter ego en el que puede depositar sus inquietudes creativas y explorar distintas disciplinas, desde las reseñas cinematográficas y los cortometrajes hasta los talleres y el collage.
Aunque actualmente combina esta actividad con una vida laboral que describe como godín, le gustaría disponer de más tiempo para desarrollar sus proyectos. Entre sus planes está dar continuidad a El chiste es destruir Ciudad Croqueta, explorar nuevos trabajos cinematográficos y profesionalizar y expandir su propuesta de collage, tanto en Toluca como en otros estados e incluso a nivel internacional.
También considera necesario que las autoridades municipales faciliten el desarrollo de la comunidad artística. Desde su perspectiva, Toluca está llena de personas creativas, pero muchas deben combinar sus proyectos con empleos convencionales para sostenerse. Por ello, plantea que se destinen más recursos y se simplifiquen los trámites para acceder a espacios culturales, de manera que la gestión institucional no se convierta en otro obstáculo para quienes buscan compartir su trabajo.
Más allá de las películas, las exposiciones y los talleres, hay una intención que se repite en lo que hace Emeonse: que las personas encuentren lugares donde puedan existir, coincidir y compartir lo que son. Por eso invita especialmente a quienes sienten curiosidad por el arte, pero no se atreven a asistir porque creen que no tienen suficiente conocimiento o que no sabrán qué decir. En sus espacios no es necesario llegar con respuestas ni participar obligatoriamente; basta con tener disposición para escuchar y compartir.
Emeonse comparte su trabajo a través de Instagram, donde se encuentra como @_eme_de_monstruo. Ahí publica sus actividades, ofrece algunas de sus piezas y recibe solicitudes para realizar obras por encargo.
Antes de despedirse, deja un mensaje para quienes están intentando construir su propio camino: aferrarse a los sueños, proteger la autenticidad, trabajar con constancia, ser humildes y agradecidos, pero también construir amistades y expresar admiración por el trabajo de otras personas.
Porque apoyar a quienes crean no siempre significa comprar una obra o realizar una acción extraordinaria. A veces basta con decirles que lo están haciendo bien. Crear tampoco tiene por qué ser un camino individual: puede ser una manera de encontrarnos, reconocernos y hacer que otras personas sepan que hay un lugar para ellas.














