Camino al poder

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Saúl Gómez Brito

* Realismo político

El arte de gobernar es una manifestación política, esta como actividad práctica es todo un proceso en movimiento y no un acto aislado, este arte se desenvuelve en fases sucesivas que es necesario conocer para no equivocar caminos, dadas las crecientes contradicciones en la vida de la sociedad.

En este contexto, se entiende que en el quehacer político hay toda una transición, la renovación y la reestructuración de la forma del poder público, tan necesarias para superar las diferencias y erradicar la pobreza y marginación de distintos los sectores sociales; entonces, en todo momento se debe redimensionarlo.

Estas cuestiones son en verdad fundamentales, no son una digresión teórica innecesaria, sin la compresión de la transición no es posible influir en el curso de las transformaciones, de los cambios que la actual etapa exige de la vida social en todos sus aspectos; esta acción misma, nos permite mirar con seguridad el futuro.

Tal es la base de la filosofía política y en particular de los fenómenos sociales observados en un continuo proceso de cambio, de movimiento e interacción, sin faltar las contradicciones internas y externas; en política se debe entender que nada es inmutable, todo es un continuo cambio y consecuentemente la búsqueda de solución a los problemas.

Se puede afirmar que en los últimos años, la situación política estatal cambia notablemente, se comprende la necesidad de continuar efectuando transformaciones, dadas las contradicciones de la vida de la sociedad, que se han ido acumulando sin encontrar soluciones duraderas y satisfactorias.

La teoría es clara, cada etapa del desarrollo de la sociedad, tiene como eje principal una contradicción que determina la esencia de dicho período, por eso, en política es importante determinar con precisión las contradicciones que dan origen al mecanismo de inmovilidad, con su característica, la inactividad.

Estos tiempos dejan ver el carácter de los problemas acumulados, la problemática de las contradicciones económicas dejan ver de tal manera el conservadurismo provocado por el antagonismo de intereses y la contradicción de los intereses del momento, marcadamente particulares.

Queda claro, la transición es un proceso de cambios y transformaciones y, su aplicación es necesaria para no continuar en el mundo de las abstracciones vacías, implica toda posibilidad de ponderar acertadamente la correlación de fuerzas en pugna, las condiciones del momento, los obstáculos, los problemas y las tareas a abreviar.

Como suelen decir, veamos la realidad con los ojos abiertos, no se debe ser más indulgente a costa de los intereses sociales, estamos invitados a ser consecuentes con los tiempos, a no ceder en momentos difíciles, renovando a fondo la política, hacerla más moderna y firme, vinculada a las vertientes claves de la lucha por acelerar el desarrollo económico.

Estamos en el camino de la transición política, la transformación exige talento y un alto nivel profesional, hoy no se puede prescindir de una preparación y de profundos conocimientos sobre la producción, esto ha sido necesario en todo tiempo, pero muy especialmente en la producción contemporánea.

Sin un esfuerzo tenaz, sistemático y profundo del que resulten nuevas formas de organización y niveles más altos de actividad, de iniciativa y disciplina, será complicado sentar las bases de las reformas estructurales, tan necesarias para avanzar, tan necesarias para continuar en el proceso de transición política.; esto es realismo político.