ENTRE COMILLAS- Alberto Abrego

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EL 25N Y LOS FEMINICIDIOS EN MÉXICO

Alberto Abrego

En un momento en que el mundo se enfrenta a una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes, no debemos olvidar que a la pandemia de COVID-19 se suma una “pandemia de sombras”, la de la violencia contra las niñas y las mujeres.”

Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

El 25 de noviembre de 1960, en República Dominicana, las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal fueron salvajemente asesinadas por órdenes del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Sus crímenes fueron: ser mujeres, activistas y haber luchado por sus derechos civiles contra un gobierno opresor. Y fue hasta 1999 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 25 de noviembre como “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”.

Las estadísticas de violencia contra las mujeres son alarmantes, según datos de la Organización de las Naciones Unidas, en el mundo una de cada tres mujeres ha sufrido violencia en algún momento de su vida, exceptuando a México, aquí la cifra es dos de cada tres. Datos oficiales del Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) señalan que en el año 2020, de 3 752 muertes violentas de mujeres, solo 969 fueron consignadas como feminicidios, sin embargo, Organizaciones de la Sociedad Civil argumentan que esos números no reflejan la realidad, pues las Fiscalías de cada entidad califican a discreción si un delito es feminicidio o no, por lo que las cifras reales son por lo menos 3 mil asesinatos sexistas, que representan un 80 por ciento.Por otra parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía documenta que en México cada día son asesinadas 10 mujeres.

Los números son elocuentes, penosos, lamentables, y la realidad lo es aún más. Mucho tenemos que hacer como sociedad para lograr esa igualdad que destierre para siempre la idea de que un género es superior a otro. Mucho tendrá que hacer el gobierno para concientizar a gran parte de la sociedad machista; no bastan los discursos bonitos, no basta legislar por encargo lo políticamente correcto, no es suficiente tomarse la foto en cada evento para presumir una etiqueta de feminista; es inmoral salir a dar declaraciones en los medios de que “ahora sí aplicarán todo el peso de la ley”. Hace falta una transformación profunda, desde los cimientos, la familia, la educación, empleos, seguridad social, servicios, oportunidades y una conciencia anticorrupción. Sí, lo sé, estamos a años luz aún.

Tal vez algunos podrán presumir que en el tema de discriminación y respeto hacia las mujeres, estamos mejor que hace 20 años, cuando en gran parte del país no tenían voz ni voto, era común excluirlas, muy pocas tenían acceso a espacios laborales; ahora existe una legislación que las protege, organizaciones civiles y gubernamentales que las apoyan, activistas y grupos feministas que ya no tienen miedo, que levantan la voz y se encargan de recordarle al mundo que las mujeres son artífices de la modernidad en un mundo globalizado.

Pero la realidad es que vivimos en un luto permanente. Diez mujeres han sido asesinadas hoy y diez más lo serán mañana. Indigna que las mujeres tengan que salir a las calles a exigir un derecho que de facto poseen: el derecho a vivir. Por eso irrita más allá de los límites el asesinato de Marisol Cuadras, de 18 años, precisamente en un evento de protesta pacífica con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, frente al edificio de gobierno del Municipio de Guaymas, Sonora; o el de Gabriela Cadena Correa, enfermera con cinco meses de embarazo, desaparecida y encontrada asesinada en una fosa clandestina, en Acapulco; o el de Fernanda, profesora de danza en Yucatán que fue asesinada de dos disparos, por su pareja. Y antes que ellas, cientos de mujeres desaparecidas, ultrajadas o asesinadas a lo largo y ancho del país. De Sonora a Yucatán…

Necesitamos una conciencia social más allá de intereses personales, arcaicos y misóginos. Las mujeres en nuestro país son a diario asesinadas en medio de una perversa inacción e indiferencia de una sociedad acostumbrada a la inequidad y a la prepotencia. No olvidemos que ellas nos parieron, y son nuestras madres, hermanas, hijas, esposas, primas o amigas; la transformación que se presume debe empezar con este tema y terminar con esta vergüenza de no cuidar a nuestras mujeres.

De todas las manifestaciones de la conducta humana, ninguna es más aborrecible que el crimen contra una mujer, porque se pierde todo indicio de la dignidad humana, del respeto por la vida, de la empatía hacia nuestros semejantes y de toda clase de valores civiles y morales que supuestamente nos hacen diferentes de todas las demás especies de la Tierra.

RÁPIDAS MEXIQUENSES. “Robar es trabajar”pregonan con el mayor cinismo adolescentes carteristas que operan impunemente a plena luz del día en la zona del mercado Benito Juárez y en la terminal de autobuses de Toluca. Se tienen datos de que a diario se cometen hasta 15 ilícitos por las facilidades de calles tapizadas de ambulantes y peatones. Esto ocurre desde hace años, sin embargo, no hay presencia policíaca, no hay cámaras de vigilancia, solo se ven operativos esporádicos, y cuando atrapan a algún delincuente, a los dos días se le ve nuevamente robando, ya ni siquiera se esconden, no existe una estrategia oficial, y predomina la indiferencia de los policías municipales que en ocasiones tienen que pasar por ahí. Parece que a nadie le importa, mucho menos a las autoridades municipales o estatales.