La alternativa de México: ¿Aguantarse?

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POR Isidro O’SHEA

Mandato se le llama no solo al periodo de nuestras autoridades de elección popular, sino también a la responsabilidad que les asignamos como ciudadanos a través de nuestro voto. Sin embargo, en México, es sumamente complicado observarlo como responsabilidad, pues simplemente no hay mecanismos para que realmente se hagan responsables ante nosotros, y los pocos que “existen” son decorativos.

 

Nuestro sistema presidencial, no hace que el presidente tenga “responsabilidad u obligación” ante el Congreso, es decir, no contempla figuras o actos jurídicos, legales y políticos que den la posibilidad de remover autoridades (presidentes) que estén muy lejos de cumplir los objetivos del país, o incluso, que parezcan no estar a la altura de sus encargos, ni tener la capacidad mínima necesaria.

 

Así pues, no tenemos, como sí lo tiene la mayoría de los países europeos, la posibilidad de mociones de censura, las cuales se llevan a cabo a partir de propuestas de los partidos políticos del congreso, quienes al mismo tiempo están obligados a proponer a otro candidato como jefe de gobierno. En sus congresos se vota si procede la moción de censura al jefe de gobierno (removerlo del cargo) y por ende la aprobación del candidato propuesto para sustituirlo.

 

En Estados Unidos, a pesar de ser un sistema presidencial, se contempla la figura del impeachment, un proceso que también permite remover del cargo a los presidentes que pierden la confianza del congreso. Reitero que es sumamente relevante, en el sentido de que, a pesar de ser un sistema presidencial, también en Estados Unidos, el presidente es “responsable” ante el Congreso.

 

Cuando decimos “responsable” no nos referimos a que el presidente o la autoridad tenga dicha cualidad, sino más bien a que debe responder a la confianza del Congreso y por ende de la ciudadanía.

 

Quizá en español, sea más preciso decir que “está obligado ante”. Así es evidente que en nuestro país, a pesar de que los gobernantes deban ser responsables ante la ciudadanía, simplemente no hay mecanismos de acción que se los recuerde.

 

En España los últimos cuatro años se han presentado tres mociones de censura, de las cuales solamente ha prosperado una; sin embargo, ello indica también la complejidad de los pesos y contrapesos, pues no se promueven simplemente a partir de la ocurrencia de la oposición, sino que debe contar con argumentos que lleven a los demás diputados a considerar la pertinencia de esta. El mejor ejemplo de ello: la propuesta de moción de censura de VOX (partido populista de derecha radical) ante el actual gobierno de Pedro Sánchez.

 

La semana pasada en España, también se presentaron tres mociones de censura en los gobiernos autonómicos, es decir a nivel subnacional; en las presidencias de las comunidades autónomas, lo que en México equivale a las gubernaturas. Incluso una de estas tres mociones de censura (en Murcia) se presentó desde el mismo partido que es cogobernante. Ello indica que incluso los mismos jefes del poder ejecutivo, pueden perder la confianza ante su mismo partido.

 

De lo anterior me nace una pregunta: Si existiera en México un sistema – similar – de pesos y contrapesos reales, donde los mismos compañeros de partido pudieran retirarle la confianza al presidente; un presidente muy lejos de lograr lo que el país necesita ¿sus mismos compañeros de partido estarían dispuestos a llevarlo a un proceso de moción de censura?

 

Esta pregunta la planteo, porque es evidente, que incluso en MORENA hay personas racionales que saben que el presidente, ha timado al pueblo mexicano. La planteo también, porque incluso en Estados Unidos hubo congresistas Republicanos que votaron a favor del impeachment del ex presidente Trump.

 

¿Pero en México? En México parece que estamos obligados a soportar y aguantar malos gobiernos, aunque esto signifique 6 años o más de retroceso y políticas públicas que no sirvan de nada. Asimismo, hace que los liderazgos presidenciales sigan siendo personalistas y autoritarios.

 

Más allá de hablar de México, es cierto que parece que en Latinoamérica estamos obligados a soportar presidentes bananeros que hagan y actúen a partir de ocurrencias, y si no estamos dispuestos a soportarlos, la alternativa parece ser, como lo ha sido a lo largo de nuestra historia, golpes de Estado; mismos que desde su semántica, parecen tener una acepción negativa, pero que en muchas ocasiones ha sido la única alternativa contra el autoritarismo de la región.

 

En teoría política hemos aprendido que los golpes de Estado son antidemocráticos, pero ¿hasta qué punto? ¿combatir a gobiernos no democráticos también es antidemocrático?

 

Urge empezarnos a plantear sistemas más complejos de pesos y contrapesos, antes incluso, de que el bananero presidente, destruya los pocos que tenemos.

 

De remate: señor presidente, sabemos que tiene muchos poderes, pero el judicial no es suyo. Respete, respete al país y respétenos como mexicanos.