¿Qué hemos aprendido?

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POR Alberto ABREGO

Basta de quejas y lloriqueos. ¿Cuánto tiempo más durará el llanto?” Jair Bolsonaro, Presidente de Brasil. 4 marzo 2021

 

El desinfectante mata al virus en un minuto. Igual hay una manera de hacer algo así inyectándolo en el interior. Sería interesante probarlo” Donald Trump 23 abril 2021

 

El 31 de Diciembre de 2019 las autoridades de China informaron a la Organización de las Naciones Unidas acerca de la existencia de un nuevo virus, que se sospecha, tenía ya varias semanas causando estragos en aquel país de Asia. El día 30 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el coronavirus SARS-CoV-2 una emergencia de salud pública internacional, advirtiendo a los gobiernos del mundo acerca de la urgencia de tomar las medidas necesarias para contener el virus, mientras que el 11 de marzo del mismo año se oficializó con carácter de pandemia. Posteriormente, el mismo organismo advirtió que, a pesar de la vacuna, es posible que este virus nunca desaparezca.

 

A un año de aquel anuncio de la OMS el saldo es mortífero, las cifras oficiales señalan más 120  millones de contagiados en el mundo, de los cuales 2,650,000 han fallecido. Doce meses de pandemia en los que la pobreza extrema avanzó como nunca antes, la hambruna se extendió en varios países de África, millones de empleos perdidos, desigualdad cada vez más patente, violencia intrafamiliar, atraso en la educación, quiebra de miles de empresas, violencia social a la alza, deudas en aumento, daños sicológicos, frustración, desesperanza, luto, incertidumbre por el futuro y los estragos de la tranquilidad perdida.

 

En México, a la fecha las autoridades oficializan alrededor de 2, 400,000 contagios y poco más de 195,000 muertes, cifra que pudiera estar lejos de la realidad por la falta de cobertura en materia de salud pública en zonas marginadas del país, por la poca cantidad de pruebas de Covid-19 que se realizaron y por el gran número de muertes por enfermedades no diagnosticadas. Nuestro país cumplió este 28 de febrero un año del primer caso detectado de Covid-19, mientras que el 18 de marzo hará también un año de la primera defunción causada por el virus. El 24 de diciembre de 2020 se aplicó en México la primer vacuna contra esta enfermedad, y a la fecha se han vacunado 4 millones de mexicanos, lo que representa menos del 3.5 por ciento

 

Estos últimos doce meses han evidenciado en el mundo la enorme desigualdad. Y la sociedad ha sufrido las consecuencias de que la mitad de la riqueza mundial esté  concentrada en unas 50 personas.

 

Pero a pesar del peligro al contagio y a la muerte, la crisis sanitaria ha sido rebasada por las crisis económica; la gente ya le tiene más miedo al hambre y a la miseria que a la misma enfermedad. Acabamos de cumplir un año sufriendo esta pandemia, y tenemos que calificarlo como un año caótico, de muerte y destrucción, y a riesgo de parecer repetitivo, tendremos que señalar el cierre de empresas, pequeños negocios, familias en la quiebra, erosión del tejido social, desapariciones forzadas, feminicidios a la alza, paralización incalculable de actividades y dolor sin fin ante el enemigo microscópico que arrasa con pobres y ricos (mucho más pobres), políticos, amigos, compañeros y familiares.

 

Y millones de muertos después, por increíble que parezca, aún hay gente que no cree en la existencia del virus y sigue afirmando que es un invento de los gobiernos que lideran el mundo. Algunos mandatarios demuestran su pobreza intelectual declarando ligerezas. Pero la mayor parte de la sociedad, quienes fuimos confinados por convicción, el temor y el miedo, hoy hemos aprendido el valor de la salud y la libertad.

 

Aunque se dice que estamos viendo la otra orilla de la pandemia, lo cierto es que aún no podemos hacer un recuento de los daños que nos ha causado el coronavirus. La verdadera magnitud de la pandemia sólo se conocerá en los próximos años, a medida que recopilemos y analicemos los datos. Muchas preguntas sobre el SARS-CoV-2 aún no se responden, existen muchas dudas y la falta de datos en el mundo impiden conocer el impacto real. Si algo podemos aprender de estos últimos doce meses es a no repetir los errores que por muchas décadas hemos cometido como sociedad, porque esta pandemia nos demostró lo mal preparados que estamos para enfrentarla.

 

Tendrá que pasar un tiempo para recuperarnos, pero urge reconciliarnos con el mundo; es hora de hacer las paces con la naturaleza. Debemos establecer otro tipo de relación con el ecosistema y con las demás especies. Y es un buen momento para reflexionar sobre nosotros, porque para que una sociedad funcione debemos entender que todos somos necesarios, transportistas, cajeros, comerciantes, despachadores, limpiadores, repartidores, obreros o profesionistas, etcétera, etcétera, porque ha quedado demostrado que muchas veces nuestra vida depende de ellos. Todos tendremos una lectura muy particular de esta pandemia, pues incluso en el dolor y en la dificultad hay cosas que podemos aprender. Para que cuando llegue el próximo virus, – porque llegará, lo dice el carácter cíclico de la historia – estemos mejor preparados.

 

Es hora de preguntarnos, sí, otra vez, porque esto aún no termina: ¿Qué hemos aprendido?

 

RÁPIDAS MEXIQUENSES. Con unanimidad de votos, este 11 de marzo los legisladores del Estado de México aprobaron la llamada “Ley Anti Chancla”, que prohíbe ejercer castigos corporales por parte de los padres o quienes ejerzan la patria potestad hacia niños o adolescentes, con la finalidad de protegerlos de abuso físico o mental de que pudieran ser objeto. La medida en sí hacía falta, es políticamente correcta y definitivamente les damos una palomita por ello a los legisladores mexiquenses. Aunque lo curioso es que muchos ciudadanos pensamos que a algunos diputados, mandatarios, secretarios de estado o funcionarios, les hizo falta precisamente aplicarles la “operación chancla” cuando eran niños, tal vez así les hubieran inculcado ciertos principios y valores morales que les hubiera impedido utilizar su fuero, poder y recursos para estafar, desfalcar y burlarse de la sociedad que confió en ellos. Ejemplos hay muchos.