Subjetividad y condición humana en Hannah Arendt. Claves para imaginar un mundo justo y no violento

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POR Yuritizi BECERRIL

El concepto de condición es clave en la filosofía de Hannah Arendt para entender la forma en que los sujetos interactúan en el mundo. La condición humana no implica un ser común inherente a lo humano, dado a priori, que reduzca al hombre a una dimensión material, racional o espiritual. Más bien interpreta lo humano como una capacidad de transformación dada a partir de dos elementos: la acción y el discurso. A partir de esto establece una distinción clave. El hombre no es un objeto, al que se puede identificar según un “qué” sino un sujeto que responde a un “quien”. El hecho de descartar la dimensión material de lo humano como cualidad constitutiva implica entender que los sujetos no tenemos una naturaleza común sino un yo personal que nos hace únicos y diferentes a todos los demás. Es esta unicidad la que nos es común a todos los sujetos, de esta unicidad común deriva el concepto de pluralidad. Arendt reconoce el concepto de pluralidad como condición necesaria para la acción. La pluralidad en este sentido no está dada por la suma de individuos reunidos, sino por la diversidad de éstos.

La idea de un yo relacionada con una identidad personal ha sido objeto de análisis en la historia de la filosofía. Arendt se detiene a entender la naturaleza interior de lo humano. Al respecto, identifica dos realidades propias del hombre en la tradición filosófica, una externa que alude al cuerpo físico y otra interna relacionada con la vida psíquica, el yo o el espíritu. Entre estas, se puede indentificar la máxima cartesiana del cogito ergo sum que vincula al yo con el pensamiento separado de la realidad física y del cuerpo, idea de la cual Arendt se desmarca.

Para Arendt la subjetividad es entendida a partir del concepto de espíritu, y de esto deriva el concepto de pluralidad. Un ser humano diferenciado de cualquier otro que exista. Así que pluralidad y subjetividad son dos elementos centrales para comprender la condición humana planteada por la filósofa alemana, en donde subjetividad define la diferencia en cada persona, “el yo de cada individuo como sujeto particular que se siente llamado a mostrar su diferencia ante los demás convirtiéndose en un ser único”. El ser humano tiene la cualidad de ser distinto y singular. Arendt propone pensar la subjetividad a partir de la unidad entre las diferentes subjetividades que va más allá de la suma de voluntades.

Por otra parte su propuesta teórica contempla un aspecto ético-político del sujeto, una subjetividad que siempre tiene en cuenta a los otros y que consigue superar al propio sujeto. Esto es lo que constituye la intersubjetividad y es desde este lugar que propone pensar lo político como un mundo común. Para Arendt el mundo común se constituye en la medida en que cada sujeto asume el punto de vista del otro para superar su particularidad y por tanto se entiende a sí mismo ya no como un yo, sino como un nosotros. La universalidad subjetiva que Arendt ve en lo humano le permite equilibrar la subjetividad “salvándola de su repliegue interno” bajo la idea de la capacidad intersubjetiva de los hombres que implica una directa consideración hacia el otro.

La apuesta política desde el punto de vista de la intersubjetividad implica que el “todos” es prioridad frente al “uno”, de tal modo que para Arendt “el mundo se salva por las acciones de los sujetos que van contra la destrucción de éste”. Esta cualidad en el pensamiento arendtiano no es inherente a la humanidad, sino surge del interior de cada sujeto, considerando su libre arbitrio, de tal modo que la capacidad política es asociada a la subjetividad y no a una condición inherente al mundo. Por lo tanto, siguiendo a Arent, la subjetividad debe ser entendida en términos políticos, como la capacidad de imaginar conjuntamente un mundo justo y no violento bajo la apuesta de una discursividad intersubjetiva que implica la comunicación de juicios y pensamientos ante los demás, así como la acción política conjunta.