Trípode

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Eduardo H. Limon Cervantes

 

* Donald, te estás quedando pelón.

 

Un sujeto, visiblemente alterado y con un botón que lo revela como seguidor de Donald Trump, agredió verbalmente al periodista mexico-americano Jorge Ramos, exigiéndole que se “largara” de “su” país, luego de que Donald Trump le ordenó callarse al compañero de Univisión.

    “Soy un ciudadano norteamericano también”, respondió el periodista de Univisión, quién vive y labora desde hace tres décadas en Estados Unidos.  “No se trata sobre usted, se trata sobre Estados Unidos”, reviró el periodista, quién mantuvo la cabeza fría ante la agresión verbal. Vergüenza debería darle a los que siguen a Trump por el camino del racismo.

    Otra puntada del despeinado Donald Trump, fue que anunció que dejaría de comer galletas Oreo por la decisión de su fabricante de cerrar una planta en Chicago y trasladarla a México. “Nunca volveré a comer galletas Oreo”, dijo, antes de agregar que lo reconsideraría si pudiera encontrar algunas fabricadas en Estados Unidos. Pobre tipo despelucado.

    Y lo despelucado viene a colación porque considero que la negación es el primer paso hacia la pérdida completa de la dignidad. Puede resultar una afirmación dura, pero aun así parece menos que aceptar que las cosas no son siempre como uno quiere. No te regalaron el Nintendo 64 cuando eras pequeño, la chica de tus sueños se enamoró de tu mejor amigo, nunca fuiste el más brillante de tu clase y, lo más importante de todo, no puedes luchar contra la genética ¿verdad Donald?

    Esto es lo que le pasa a Donald Trump  y a su pelo. Mientras que el segundo hace ya años que se dio por vencido y se entregó a la vejez, el primero se esfuerza en hacernos creer que su “hermosa” melena sigue confiriéndole poderes sobrehumanos. Pero alguien tenía que abrir este melón y sentimos ser nosotros.

     Donald, ya nos dimos cuenta. Todo el mundo se está dando cuenta menos tú. Y vamos a mostrarte las razones por las que deberías entender que esto se ha acabado. Un servidor ha aceptado que ya no tiene un cabello de tonto.

    Y como decía mi compadre Chón: “Recuerde compadre, para que afanarse en cultivarlos en la cabeza si nos crecen salvajes en las…”

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