¿Por qué buscan la Ley de Identidad de Género en el Estado de México?

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POR Pameli POPOCA

La búsqueda del reconocimiento de la identidad de género dentro de nuestra legislación estatal, principalmente promovida por organizaciones LGBTTTIQ+, gana fuerza e incrementa su presencia en la vida pública de la entidad, posicionándose como un tema de interés dentro de la actividad política, la salud, la justicia, la academia y los medios de comunicación. La idea de lo “trans” ya se encuentra grabada en la narrativa de la cotidianidad del México actual.

Entre otras cosas, esta búsqueda tiene como consecuencia que el tema pase de ser la exigencia de unos cuantos a estar inscrito dentro de la opinión pública y los debates donde se involucran cada vez más las instituciones y la ciudadanía. Pero, ¿qué es lo que propone la iniciativa que ha sido presentada ante el Congreso mexiquense?

Aunque cada vez existe una mayor representación de la figura transgénero en el ámbito público, hay un desconocimiento generalizado acerca de cómo sus vidas y cuáles son sus necesidades. Por lo que escuchar sobre una posible Ley de Identidad de Género en nuestra sociedad puede causar dudas y malentendidos sobre “cómo serán nuestras vidas si eso llegase a ocurrir”, por lo que parece necesaria esta aclaración.

En concreto, la iniciativa busca que se reforme el artículo 3.1 y se adicione el Capítulo VIII, denominado “Expedición de acta por rectificación para el reconocimiento de identidad de género” con los artículos 3.42, 3.43, 3.44 y 3.45 del Código Civil del Estado de México. Con lo que, cuando no coincida la identidad de género de una persona con el sexo y nombre que aparecen en sus registros, esta persona pueda llevar a cabo el trámite de rectificación del acta de nacimiento en el registro civil como mero acto administrativo.

¿Qué es la identidad de género? No es más que la vivencia profunda e individual del género tal como cada uno la experimenta. Como seres que viven en sociedad nos encontramos atravesados por tres condiciones que nos distinguen de los demás y que al mismo tiempo nos colocan dentro de un grupo determinado: nuestra historia irrenunciable, los grupos de los que formamos parte y los símbolos con los que nos vestimos. Es la forma en que nos presentamos ante la sociedad.

En el Estado de México, la población trans ha atravesado por una historia de invisibilidad y violencia que solo comienza a cambiar hasta nuestros días. Al no encajar dentro de la expectativa social de identificarse con el género que se les asignó al nacer, se les ha visto como anormales y han sido objeto de discriminación, violaciones y homicidios.

Gran parte de la responsabilidad de esto recae sobre los gobiernos y legislaciones, pues tienen la facultad de implementar los mecanismos para acabar con esta violencia y no lo hacen. Sin un documento que avale su identidad ante las instituciones, la persona trans no tiene garantizada la justicia, la salud, ni el respeto por parte de la sociedad, por lo que es difícil que accedan a la educación, el empleo o el desarrollo individual.

Lo numeroso de las personas trans que se han sido expulsadas de sus familias, que se dedican al trabajo sexual y que han sido asesinadas (el promedio de vida de las mujeres trans es de 35 años), así como la constante negación y cuestionamiento de sus identidades, vuelven urgente la necesidad del reconocimiento y protección del Estado. Por eso protestan las personas trans. La iniciática de Ley de Identidad de Género no reviste controversia alguna y significaría la oportunidad de las personas trans para acceder a una vida feliz.