En Indigo School, una celebración de las tradiciones mexicanas permitió a las familias conocer lo que sucede cuando los estudiantes dejan de ser espectadores y se convierten en protagonistas de su aprendizaje.
Las familias llegaron a Indigo School para celebrar el Día de Muertos. Había proyectos por conocer, presentaciones preparadas por los estudiantes y una jornada dedicada a compartir las tradiciones mexicanas.
Lo que quizá no imaginaban era todo lo que había ocurrido antes de ese día.
Detrás de las investigaciones sobre el cacao, las mariposas monarca y el pan de muerto, y de cada representación artística, había un mes de preguntas, descubrimientos, ensayos y trabajo compartido.
Los estudiantes tenían algo que contar. Y esta vez, eran ellos quienes explicarían a sus familias lo que habían aprendido.
La celebración era apenas el último capítulo de una historia que había comenzado semanas atrás, cuando niños y adolescentes de maternal a tercero de secundaria emprendieron un proyecto dedicado a explorar la identidad mexicana.
Cada grupo encontró una manera distinta de acercarse al tema. Los más pequeños lo hicieron mediante experiencias sensoriales y artísticas; los mayores profundizaron en la investigación, la creación y la expresión de sus ideas.
Aunque todos trabajaron alrededor de una misma tradición, los caminos para aprender fueron diferentes.
Y ahí comienza a entenderse lo que distingue a Indigo School.
Todo comenzó con una pregunta.
¿Qué sucede cuando, en lugar de recibir todas las respuestas, un estudiante tiene la oportunidad de buscarlas?
En Indigo, esa pregunta forma parte de la vida escolar.
Investigar el cacao puede llevar a descubrir su historia, comprender cómo se transforma y reconocer su importancia en la cultura mexicana. Preparar una obra de teatro de sombras exige mucho más que aprenderse un diálogo: hay que desarrollar una idea, organizarse, experimentar con materiales, ensayar y encontrar soluciones cuando algo no funciona como se esperaba.
Lo interesante es que, mientras realizan estas actividades, los estudiantes también están desarrollando habilidades que difícilmente podrían adquirirse únicamente escuchando una explicación.
Aprenden a tomar decisiones, defender sus ideas, escuchar otras opiniones y trabajar con sus compañeros. Descubren que equivocarse es parte del proceso y que muchas veces una pregunta puede llevarlos a otras que ni siquiera habían imaginado.
Esta forma de trabajar tiene un nombre: Aprendizaje Basado en Proyectos, conocido internacionalmente como “Project Based Learning”.
Pero para entenderlo no hace falta conocer su definición. Basta con observar a un estudiante que puede explicar con sus propias palabras algo que investigó y comprendió.
“Cuando un estudiante investiga, experimenta y después es capaz de explicar lo que descubrió, el aprendizaje adquiere otro significado. Queremos que nuestros alumnos aprendan a utilizar la información, relacionarla y construir sus propias ideas”, explica Jessica González Salgado, directora educativa.
En Indigo, el estudiante participa en la construcción de su conocimiento. El docente acompaña, orienta y propone experiencias que le permiten avanzar, respetando sus procesos y alentándolo a encontrar nuevas respuestas.
Una escuela que también enseña a través de sus espacios
Durante la celebración, las familias recorrieron los espacios del colegio para conocer los proyectos desarrollados por sus hijos.
Aquellos lugares que habitualmente forman parte de la jornada escolar se convirtieron en escenarios para compartir descubrimientos, presentar creaciones y conversar sobre lo aprendido.
Esta manera de utilizar los espacios responde a otra de las ideas que orientan la propuesta educativa de Indigo: el ambiente es el tercer maestro.
La escuela entiende que los niños también aprenden de lo que encuentran a su alrededor. Los materiales disponibles, la organización de los espacios y las posibilidades de explorar e interactuar influyen en sus experiencias de aprendizaje.
Por eso, el ambiente tiene una intención pedagógica. Está pensado para despertar curiosidad, favorecer la autonomía y permitir que los estudiantes encuentren distintas maneras de relacionarse con el conocimiento.
El proyecto de Día de Muertos permitió observar esta filosofía en acción.
Los alumnos de sexto de primaria y de los tres grados de secundaria presentaron funciones de teatro de sombras. Los grupos más pequeños participaron en distintas actividades y presentaciones, y la jornada concluyó con un baile que reunió a la comunidad escolar.
Cada participación tenía detrás una historia de trabajo que no siempre resulta visible para quien observa únicamente el resultado final.
La confianza de saber que tu voz importa.
Hay algo especialmente valioso cuando un niño puede explicar lo que piensa frente a otras personas: la confianza que desarrolla al descubrir que sus ideas merecen ser escuchadas.
En Indigo School, el aprendizaje académico y el bienestar emocional forman parte de una misma experiencia educativa.
La escuela busca que sus estudiantes se sientan seguros para participar, preguntar, proponer y reconocer que no siempre tendrán la respuesta correcta al primer intento.
Equivocarse no significa fracasar. Puede ser el punto de partida para comprender algo nuevo.
“Buscamos que nuestros estudiantes se sientan acompañados y tengan la confianza para participar, preguntar y mostrar lo que son capaces de hacer. Cuando las familias entran a la escuela y escuchan a sus hijos explicar con entusiasmo lo que aprendieron, pueden conocer de cerca esa experiencia”, comparte Marilú Pérez Santiago, directora escolar de Indigo School.
Durante la celebración, esa relación entre aprendizaje y comunidad también estuvo presente en la convivencia entre estudiantes, docentes y familias, quienes compartieron alimentos, presentaciones y momentos dedicados a las tradiciones mexicanas.
Porque sentirse parte de una escuela también influye en la manera en que los niños se relacionan, participan y aprenden.
Lo que las familias se llevaron a casa.
La celebración terminó, las presentaciones concluyeron y los proyectos cerraron un mes de trabajo.
Pero lo aprendido no se quedó en los espacios donde fueron presentados.
Detrás de cada investigación hubo preguntas que los estudiantes tuvieron que resolver. Detrás de cada creación, decisiones que tomar. Y detrás de cada presentación, una oportunidad para expresar lo que sabían frente a otras personas.
En una época en la que cualquier respuesta parece estar a unos segundos de distancia, aprender a formular buenas preguntas, comprender la información y desarrollar ideas propias adquiere especial importancia.
Esa es una de las convicciones que orientan la educación en Indigo School: preparar a sus estudiantes para desenvolverse en el mundo, sin perder de vista quiénes son, cómo aprenden y lo que necesitan en cada etapa de su desarrollo.
El Día de Muertos fue el motivo para reunirse. El cacao, las mariposas monarca y el teatro de sombras fueron algunos de los caminos para descubrir nuestras tradiciones.
Y mientras las familias conocían los proyectos que sus hijos habían preparado, también pudieron acercarse a algo que sucede todos los días dentro de Indigo: niños y adolescentes aprendiendo a pensar, a confiar en sus capacidades y a construir conocimiento por sí mismos.
Porque cuando un estudiante descubre que puede encontrar sus propias respuestas, cambia también su manera de aprender.
Indigo School
Where Learning Connects.













