AQUÍ NO HAY DIGNIDAD NI RESPETO LA EXTENSIÓN DE LA ARENA MÉXICO- Isidro O`Shea

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AQUÍ NO HAY DIGNIDAD NI RESPETO

LA EXTENSIÓN DE LA ARENA MÉXICO

Por: Isidro O`Shea

@isidroshea

No es nada nuevo el hecho de no cambiarle ni una coma a las propuestas del ejecutivo. Así vivió México la mayor parte del siglo XX con el PRI hegemónico y autoritario; sin embargo, aunque pocos tengan la virtud de aceptarlo, esto fue cambiando antes de que se diera la transición democrática. Comenzó a cambiar cuando el PRI se dio cuenta del descontento ciudadano y de que la oposición ya representaba a más que pocos. Incluso en 1997 no tenía ya remedio, habían perdido la mayoría en la Cámara de diputados. Desde 1997 hasta el 2018 ningún presidente había logrado gobernar con mayoría en el poder legislativo; y aún así, sería iluso, pero sobre todo infantil, no reconocer que hubo avances durante dicho periodo de 21 años.

Hoy Andrés Manuel López Obrador tiene la mayoría en el legislativo, y aunque ya no la tiene como en la legislatura pasada, donde incluso lograba la mayoría calificada (3/4 partes) aún él y sus diputados no están dispuestos a dialogar. Tal como señalé al inicio, no es nuevo ver que el partido del presidente pasa toda iniciativa del ejecutivo sin cuestionar nada en lo absoluto, sin modificar lo más mínimo, ni comas, ni puntos y aparte.

Sin embargo, es muy evidente una diferencia entre los diputados de la mayoría de hoy (MORENA, PT y PVEM) respecto a los priistas del siglo pasado: las formas, y no me refiero ya ni siquiera a las formas estrictas de política y protocolo que a veces solo sirven para disfrazar las malas prácticas; me refiero a las normas mínimas de respeto, y no solamente de respeto entre ellos como legisladores sino de respeto a la ciudadanía.

Es increíble que no solamente no estén dispuestos y dispuestas a dialogar, sino que, no bastándoles, lo hagan sumamente explícito dando la espalda a todo aquel o aquella que utilice la tribuna, dispuesta a decir lo que ellos no quieren escuchar.

Va más allá: abucheando, gritando, con el afán de que aquel que esté en la tribuna no pueda ser escuchado. Esta legislatura ha llegado al colmo y aún no van ni tres meses de haber sido instalada.

¿Se imagina usted a su madre, padre, hija, hijo, nieto, etc. sacando una leyenda que diga “culera” en la sala de juntas de su trabajo? Pues así lo hizo una diputada de MORENA, utilizando un pizarrón, mostrándole dicha leyenda a su colega legisladora del PRD Olga Espinoza. Sin embargo, en el diminuto pensar de la morenista no se atravesó la idea de que al insultar a una colega legisladora, estaba también señalando, criticando y deslegitimando a todo aquel que votó por ella, a todos aquellos que nos sentimos representados por lo que dicha legisladora estaba aclamando: el derecho a la interrupción del embarazo, así como mayor presupuesto a temas de género.

Y es que desafortunadamente parece que precisamente hoy, cuando mayor apoyo entre mujeres se necesita, ha habido legisladoras que cada que diputadas como Margarita Zavala o Teresa Castells ocupan la tribuna, hacen todo lo necesario para que las anteriores se sientan ignoradas. Incluso, en el caso de la primera, parece que les guste o no, ignoran que fue una de las candidatas más votadas en las anteriores elecciones.

Y es que un órgano colegiado como lo es la Cámara de Diputados tiene su esencia y su naturaleza en la pluralidad de ideas, en la heterogeneidad, pero sobre todo en el diálogo y la discusión sana; sin embargo, aquí en México parece se ha perdido cualquier posibilidad de cabida a la interlocución. Las y los diputados de la mayoría del presidente han preferido perder su dignidad, les importa más el hueso temporal que la dignidad humana y probablemente eterna, esa que hace grandes a los grandes.

Afirmar que se comportan como borregos resultaría hasta un piropo, pues además de no cuestionar en lo más mínimo al ejecutivo también están dispuestos a mostrarle toda lealtad sin importar el respeto al prójimo y a lasfamilias (tanto a las suyas, como a las de sus colegas).

Asimismo, me parece increíble que no haya solicitudes o peticiones por parte del presidente de la mesa directiva de que los diputados y diputadas que faltan el respeto de dicha manera se retracten de lo dicho o bien, pidan disculpas públicas, como suele suceder en cualquier parlamento de una democracia sana y saludable. Y es que lal democracia tiene límites, límites que instauran las instituciones. No es lo mismo democracia que anarquía.

San Lázaro ya no parece ser un sitio digno donde deben llegar los más capaces o por lo menos los más respetuosos de México y los mexicanos, hoy es una extensión de la arena México, pero sin ser actuado.

Las mañanitas, el pastel y el festejo al presidente  usandoel congreso de manera de salón de fiestas ya resulta anecdótico a un lado de las groserías de la bancada presidencial.

Si así se comportaron en una de las discusiones más serias que cada año tiene la Cámara de Diputados: la aprobación de presupuesto de egresos, poco o nada bueno podemos esperar ya de esta joven legislatura… murió antes de terminar de nacer.

Y es que debemos pensar que la discusión de presupuestos poco va ligada a las ideologías, a los debates de posición. La discusión presupuestal va solamente de asignar recursos a la educación, a la salud, a las diferentes políticas públicas que necesita el país. Ahora imagínese, estimado lector, cuando se trate de defender posturas ideológicas.

Los Diputados merecen respeto, pero sobre todo deben respetarnos, y este tipo de actos intimidatorios van en contra, no solamente de la democracia, sino de cualquier muestra de civilidad y respeto ante los mexicanos de pie y banqueta.

¿Culera?… Culera la educación que esta diputada mamó.