ARTE ÚTIL. HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE ARTISTAS-CIUDADANOS O CIUDADANOS-ARTISTAS

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POR Yuritzi BECERRIL TINOCO


La complejidad de los tiempos que vivimos hace urgente pensar mecanismos de participación colectiva y horizontal que de como resultado la producción de nuevos imaginarios o escenarios experimentales de construcción política. Es decir, la construcción de miradas colectivas o conjuntas para el bien común.
En el arte, pensar en lo común como metodología, explica Tania Bruguera “nos puede dar una entrada a una dimensión donde la experiencia se da en una escala 1:1 [para] dejar de pensar el arte como producción y empezar a pensarlo como implementación”. No se trata de idealizar el poder de transformación y cambio social que pudiera tener el arte, como tampoco se trata de idealizar lo comunitario como solución al malestar frente a los efectos de la modernidad. De hecho, como explica Conrado Romo respecto al movimiento purépecha, no se trata de idealizar una revolución complaciente con las aspiraciones de la clase media progresista, porque muchas de estas pequeñas revoluciones, no resultan  lo suficientemente anticapitalistas y tampoco necesitan la benevolencia de las ONG. Muchos de estos proyectos son ante todo laboratorios de experimentación política en el que no se requieren sujetos que hayan leído a Marx o Holloway. Porque a pesar del discurso ambientalista y a las acciones para poner freno a los a los embates creados desde el capital, los ríos siguen siendo contaminados por las actividades de las propias comunidades. 
Más allá de las posibilidades de resistencia o éxito de los formas de acción colectiva, resulta interesante destacar la aplicación del dispositivo de acción colectiva como efecto transformador de la experiencia de todos. En este punto me parece relevante la conexión que se puede establecer con otras metodologías, por ejemplo las del arte, entender, como explica Tania Bruguera “el poder de la representación simbólica hacia su capacidad movilizadora”. Al final, quizá la mayor aportación sea la de pensar el mundo de otra manera, procesar la realidad desde otros imaginarios. Esto quizá también implique un proceso de deconstrucción que requiere desmarcarse de la realidad tal como la conocemos para imaginarla y construirla con otros colores. Por eso, propone Bruguera “el arte puede re-imaginarse desde otra funcionalidad y desde otros espacios, no solamente a nivel personal y social, sino también al respecto de la ley”.
En el caso de la artista cubana, esta metodología ha sido concretada en proyectos como la Asociación de Arte Útil que convoca a profesionales con las mismas tendencias y el Instituto de Artivismo Hannah Arendt, en Cuba, que nació a partir de una lectura en voz alta del libro “Los orígenes del Totalitarismo” de la filósofa alemana y que tiene el objetivo de que las personas conozcan sus derechos y aprendan a defenderlos.
La reflexión sobre las formas de representación y de acción que involucran diferentes subjetividades pasa por la definición de los roles que podemos representar ¿Qué somos (o cuántos somos) en tanto sujetos de enunciación?, ¿Cómo se compone la infinidad de individuos que puede decir “yo”, haciendo eco del sui referencial de Deleuze? Al respecto Bruguera concluye “en mi obra, me interesa que las personas que participan sean artistas-ciudadanos, pero también ciudadanos-artistas. Porque como hemos hablado, ese espacio de imaginación, de empoderamiento que tiene el arte, de decir yo me lo creo, aunque sé que no es verdad (todavía), voy a actuar como quisiera que fueran las cosas. Eso es una herramienta muy efectiva. Y de ahí surgió la idea de INSTAR.” 
Algunos de los instrumentos  que identifican estos movimientos o performatividades, de acuerdo con Sierra-Caballero (2015) son: a) Acceso y economía política, b) acción colectiva en red, c) nueva estética y subjetividad política, d) continuidades y rupturas frente a los relatos, canales convencionales y modelos de representación dominantes, e) ruptura espacio-temporal. Entre los antecedentes de estas nuevas formas de acción colectiva Sierra-Caballero identifica “las experiencias contraculturales y underground de los movimientos sociales de Estados Unidos, la lucha de liberación femenina, el movimiento afro, la ecología política y los colectivos artísticos de performance que anteceden al actual arte público”.