#DemoCrazy
Por: Isidro O’Shea
Al ser este el mundial que más he seguido en mi vida, como mero aficionado y con muy poco conocimiento tanto por edad como por contexto, pienso que este puede ser en la historia de los mundiales el que más vislumbres de democracia haya dado; no bromeo, lo pienso así dentro del contexto del rectángulo verde, alrededor de los 22 que golpean el balón, más allá de las muy deplorables instituciones y sus dirigentes: cuando en verdad son 11 vs 11.
Y es que quién hubiese dicho hace 16 años que Marruecos podría ganarle a Brasil, pero sí bien no nos resulta suficiente, pregunto, quién apostaría por esos partidos de Cabo Verde, que no solamente obtuvo su pase a los 16vos de final, sino que realmente se la complicó a Argentina, incluso anotando uno de los mejores goles de lo que llevamos de torneo; un Ecuador que le ganó a Alemania y un Ghana que no permitió ningún gol de Inglaterra, así pues, es evidente, que dentro de la cancha, lo que se ha podido ver es igualdad, un pilar básico de cualquier sistema democrático, sin embargo, ese gran logro colectivo, hoy realmente queda invalidado casi en su totalidad, por muestras de autocracia y autoritarismo fuera del rectángulo verde.
No afirmo que nunca haya habido tratos en lo obscurito, pero dudo mucho de que a mediados del siglo pasado haya habido tantísimas artimañas institucionales, es decir, no creo en el argumento de que ahora se ve más – gracias a la tecnología y a las redes sociales – lo que antes no se podía ver y que siempre haya sido la misma mugre; seguramente la había, pero reitero: dudo de que en dichas proporciones.
Y es que las evidencias durante este mundial han sido más que una falta de respeto, quizá todo empezó cuando Gianni Infantino decidió darle un desdeñable premio por la paz a Donald Trump durante la ceremonia de sorteo de grupos, o bien cuando Uzbekistán fue cambiado de grupo por una supuesta “restricción indirecta” nunca mencionada previamente; pero seguramente, todo sucedió muchísimo antes, incluso fuimos testigos de cómo por primera vez en la historia de los mundiales la asignación de grupos no precisamente definió las ciudades que albergarían los partidos.
Pero desafortunadamente, más allá de lo que pudo o no suceder en las alfombras y ceremonias, sino en el rectángulo verde, cuando realmente los aficionados nos olvidamos de todo con el fin de disfrutar y gozar, también las decisiones han sido más que polémicas, rebasando no solamente las líneas de la cancha sino incluso los muros ondulados de los estadios; el caso estelar pareciera por demás decirlo, pues pareciera también que lleváramos hablando décadas de ello, pero no es más que la normalización de la trampa, del fraude, y de la poca o nula capacidad de asombro, obviamente no solamente del aficionado sino de cualquier ciudadano del mundo; por si acaso, me refiero obviamente a la presunta llamada de Donald Trump con la cual logró que la máxima autoridad de la FIFA revocara la sanción al delantero estadounidense Folarin Balogun; sí, como si estuviéramos en la década de los 40 del siglo pasado o quizá ni en aquellos tiempos autocráticos.
Sin embargo, y muy desafortunada pero sobre todo descaradamente, el anterior no ha sido el único suceso propio de sumo autoritarismo y diminutos valores democráticos en este mundial; muy probablemente sea necesario resumirlos en forma de lista, porque ahondar en ellos prácticamente daría varios textos para cada uno: el hecho de que Irán haya tenido que hospedarse en México; la prohibición explícita al árbitro somalí (obviamente con gafete de FIFA) de participar en el mundial; el recibimiento basado en hostiles revisiones que autoridades de seguridad estadounidenses hicieron a selecciones como Uzbekistán o Senegal; pasando lógicamente por el muy polémico resultado de Argentina vs Egipto, donde las selecciones mencionadas fueron todo el tiempo medidas con distintas varas; y en el mismo encuentro la indiferencia y menosprecio del árbitro a la señal de actos de racismo que el D.T. de la selección egipcia no dudo en mostrar.
Así pues, lo normal y lo ordinario sería la indignación colectiva internacional, sin embargo, nada de lo anterior ha bastado para el surgimiento real de la misma, y esto desafortunadamente solo nos deja ver que el fútbol ya tampoco es lo más importante de lo menos importante, como diría Valdano, por el simple hecho de ser solo un juego cuya intención sea divertirnos, sino que muy evidentemente (no afirmo en lo absoluto que sea algo nuevo) lo han convertido en un rincón más donde el poder despótico y/o autoritario, manda, siendo no un reflejo, sino una muestra más de la actualidad política internacional, donde si bien debería ser sorprendente todo lo anterior, más sorprendente me parece (vaya la redundancia) la nula capacidad de asombro y de indignación ciudadana… quizá estemos en donde debamos estar.


