¿EN DÓNDE ESTAMOS PARADOS?

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Por: Isidro O`Shea

@isidroshea

 

Desde la transición democrática en nuestro país, después del 2 de julio del 2000, los mexicanos empezamos a valorar menos la democracia, sí, por imposible que esto parezca. Así lo señalan la encuesta mundial de valores y el latinobarómetro; y es que muy probablemente los mexicanos, al no vivir en un sistema democrático, creíamos que llegar a la democracia sería un escenario utópico, donde todos nuestros males desaparecerían; sin embargo, terminar con el régimen priista antiguo, solamente significaba, terminar con la inequidad e injusticia electoral, y como consecuencia con el autoritarismo y algunas facultades metaconstitucionales de la élite política, especialmente, del presidente.

Del 2000 al 2018 vivimos un periodo de estabilidad en materia democrática, sin embargo, tal como ya lo he apuntado, existió gran decepción ciudadana. Si bien el desencanto con la política en los últimos años alrededor del mundo se debe a varios factores, en el caso mexicano, yo se lo asigno al hecho de ser una democracia joven y al haber pensado – reitero – que ello sería una utopía.

A pesar del desencanto con la política y los partidos, se debe reconocer, no solamente los avances en materia electoral, sino también los avances como democracia sustantiva, en donde se lograron hechos como la transparencia en las instituciones; avanzar en el servicio profesional de carrera dentro del servicio público; libertad de prensa; y otros.

Ahora, parece que hay un cambio, pero un cambio hacia atrás, donde los pequeños, medianos o grandes logros que se tuvieron en dicho periodo de democratización, se han menospreciado, y no solamente eso, sino que también se han, poco a poco, intentado destruir.

Hoy el autoritarismo presidencial no es inminente, es evidente. La unión entre los 3 poderes también es evidente; incluso resulta más evidente que en el siglo XX del régimen priista, y por ejemplo, los ataques a la libertad de expresión y prensa no se hacen en lo obscurito, sino que incluso se hacen con las luces de la prensa.

Muchos son los que se enojan cuando otros señalamos que el gobierno actual es populista, sin embargo, tanto lo teórico como lo empírico así lo demuestran: discursos simples sobre cuestiones complejas; exclusión de ciertos sectores sociales; autoproclamación de ser el pueblo y la voluntad popular; cuestionamiento de lo que dicen todos los otros; y lo peor: la perpetración de la mentira sobre la verdad.

Hoy me pregunto: ¿Qué tanto le sabrán Manuel Bartlett y Salgado Macedonio al presidente para que este cumpla con todos sus caprichos? Nadie, absolutamente nadie, ha de creer que la hija de Salgado Macedonio será la gobernadora de Guerrero. Hoy a casi tres años de gobierno, es muy posible afirmar: la 4T no se cansa de tomarnos el pelo, o, mejor dicho, de vernos la cara de tontos. Que dejen de creer eso es y será nuestra responsabilidad, tenemos una oportunidad el próximo 6 de junio.

Inscríbase: apúntese al nuevo parque acuático del pueblo mágico de Metepec, donde se ha visto reflejado el 0% del presupuesto en obras de drenaje; pero donde también, hemos podido vivir bajo la mirada en espectaculares y lonas de la presidenta municipal y de su hija.

Los ciudadanos democráticos no debemos permitir este tipo de abusos de poder; no dependemos de los beneficios selectivos propios; el éxito de México depende de los beneficios programáticos y colectivos de todos y cada uno de los ciudadanos.

Por cierto, como ciudadanos responsables no vamos a permitir que la democracia se negocie sobre la mesa, mucho menos cuando en la negociación está de por medio “la cartera abierta”.