La canción de protesta

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POR Isidro O’SHEA

El domingo pasado se celebró (esta sí es celebración, y no conmemoración) el día del músico. La música, al igual que la mayoría de las cosas que nos llenan en la vida, tiene muchos géneros, tipos y variedades. Para todo hay gustos, y legítimos son, por más que haya quien se empeñe en menospreciar ciertos géneros, con aires de superioridad, tal como sucede con el reggaetón o hasta las cumbias.

 

Sin embargo, hay un subgénero (no sé me ocurre otra forma de llamarlo) que incluye varios géneros de música, pues éste, no depende de la música, sino más bien de la letra y estrofa que acompaña a la música: la canción de protesta.

 

De protesta, le llamamos a toda aquella canción cuya letra tiene como objetivo desahogarse ante el mal uso del poder, o bien, reivindicar ciertas causas sociales, o incluso manifestar únicamente una opinión de una situación o problemática social, a partir de una manera aguda y diferente.

 

Cuando hablamos de canción de protesta, casi siempre terminamos pensando en los mismos músicos, lo cual me parece de lo más normal, ya sea porque alguna de sus canciones marcó un hito, o bien porque tienen muchas canciones de protesta. Los grandes ejemplos: Pablo Milanés; Joan Manuel Serrat; Pedro Guerra; Silvio Rodríguez; Luis Eduardo Aute; Óscar Chávez; Ismael Serrano; o bien también podemos pensar en grupos muy distintos como Molotov, con un estilo mucho más intransigente.

 

Sin embargo – y coincido – aunque estos, sean los verdaderos símbolos de la canción de protesta, ya sea por su continuidad o porque marcaron hito con canciones como: “Papá cuéntame otra vez”; “Se vende mi país”; “canto a la libertad”; “Ginme the power”; o “Yo pisaré las calles nuevamente”; existen otros – muchos – que a pesar de ser más, mucho más populares o mainstream, también cuentan con canciones que quizá, si estuvieran en los repertorios de los primeros, también serían consideradas canciones de protesta.

 

Y es que, por ejemplo, de protesta podrían ser canciones como: “El noticiero” y “Ella y él” del ya poco admirado y muy repetitivo Arjona; “Zapatillas” del Canto del Loco; “Que no me pierda” de Diego Torres; la tropical “El Niágara en Bicicleta” de Juan Luis Guerra; o mi favorita en este caso, “Por qué no ser amigos” de Hombres G.

 

Y es que las canciones son historias, y es totalmente legítimo que todos contemos historias, y se agradece mucho que se cuenten historias de los problemas que vivimos de manera colectiva; así como también agradecemos las canciones que nos hablan de heridas y desamores personales. Lo lamentables es, que sean pocos quienes hoy sin contar con la etiqueta de música de protesta, se atrevan a escribir sobre los problemas que vivimos como colectividades y grupos sociales.

 

La música, es, sin duda, la manera más noble de manifestar el descontento ante regímenes autoritarios, o hasta democráticos, que utilizan el poder de manera arbitraria, parcial e ilegítima.

 

Hay mil historias por cantar y escuchar, hay muchos artistas que tienen canciones de protesta, y aunque estén siempre en nuestra mente aquellos que se han ganado la etiqueta, no está de más, darnos la oportunidad de ver en canciones populares o mainstream, herramientas de protesta y manifestación política, pues al final, todas y todos tenemos derecho de hacerlo, matando dos pájaros de un tiro: satisfacer nuestro gusto por la música y protestar ante las injusticias derivadas del mal uso del poder.

 

Los y las invito a que nos recomienden canciones que tarde o temprano podamos utilizar para manifestar nuestras inquietudes y descontentos mientras también recordamos que “El pueblo unido jamás será vencido”.

 

Por mi parte les dejo de tarea escuchar al hidrocálido, Armando Palomas, que con la “Canción del mutilado” hace mover las vibras más sensibles de mis muy queridos amigos “los gallitos” de la Facultad de Políticas y Sociales, de quienes además de chismes, solo he aprendido esta canción.

 

Que la música siga siendo el guante blanco de nuestra legítima protesta ante aquellos que no actúan con base en la ética y los principios democráticos.