La zona de los milagros

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POR Hugo Mauricio GARCÍA

“Es la voluntad de creer que la vida es un milagro lo que permite que los milagros ocurran.”

PAULO COELHO

 

Hablamos ya de la zona de confort, de la zona del terror y ahora abordemos un momento la zona de los milagros.

 

En desarrollo personal hablar de la zona de los milagros, es hablar de esta área donde lo largamente esperado sucede, es donde las condiciones y circunstancias aparecen como por arte de magia, es el alineamiento del universo para concedernos todo lo que anhelamos.

 

En la zona de los milagros, nos damos cuenta de que, para lograr nuestros sueños, necesitamos de alguien o algo más, nos damos cuenta  que los pensamientos más elevados de nosotros mismos no son creados por nuestra imaginacion, sino que están puestos en nuestra mente, es decir siempre han existido.

 

Quizá este conocimiento de la zona de los milagros sea nuevo para ti, para entenderlo es necesario comprender el concepto de la creación de nuestra realidad física, ¿de que esta formada?, date un momento para pensar, antes de que sigas disertando de que esta hecha la realdad física voy a la esencia de la realidad: es energía.

 

Son átomos, protones, neutrones, quantums y la energía tu sabes que no se crea ni se destruye, en el universo todo es energía.

 

Y cuando digo todo es también aquello que no podemos ver, y entre las cosas que no podemos ver, pero sabemos existen, están nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos son energía, por lo tanto, siempre han existido.

 

En la zona de los milagros, estos pensamientos, que siempre han existido, se aparecen con mayor fuerza, la diferencia fundamental es que sabemos que esos pensamientos, siempre los podemos volver realidad, aquí entendemos que la FE no es un palabra más, sino el regalo mas hermoso que se nos puede dar es donde nunca ponemos en duda la fuerza del pensamiento.

 

Sabemos que, si algo o alguien nos da acceso a ese pensamiento elevado, también nos dará las herramientas para llevarlo a cabo.

 

Un líder no puede menos que desear vivir y enseñar a vivir a los demás en el milagro eterno.

 

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Abrazos, ¡todos!