VISUALIDAD EXPANDIDA – CÓMO ABRIR LOS OJOS. MANUAL PARA VER

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Por: Yuritzi Becerril

 

En el prólogo al libro Harun Farocki. Desconfiar de las imágenes, el filósofo Didi-Huberman nos regala un manual para Abril los Ojos, Didi-Huberman dice “Ciertamente, no existe una sola imagen que no implique, simultáneamente, miradas, gestos y pensamientos. Dependiendo de la situación, las miradas pueden ser ciegas o penetrantes; los gestos, brutales o delicados; los pensamientos, inadecuados o sublimes. Pero, sea como sea, no existe tal cosa como una imagen que ser pura visión, absoluto pensamiento o simple manipulación. Es especialmente absurdo intentar descalificar algunas imágenes bajo el argumento de que aparentemente han sido “manipuladas”. Todas las imágenes del mundo son el resultado de una manipulación, de un esfuerzo voluntario en el que interviene la mano del hombre (incluso cuando esta sea un artefacto mecánico). Solo los teólogos sueñan con imágenes que no hayan sido producidas por la mano del hombre —las imágenes aquiropoyetas de la tradición bizantina.”

Continúa “La cuestión es, más bien, cómo determinar, cada vez, en cada imagen, qué es lo que la mano ha hecho exactamente, cómo lo ha hecho y para qué, con qué propósito tuvo lugar la manipulación. Para bien o para mal, usamos nuestras manos, asestamos golpes o acariciamos, construimos o destruimos, damos o tomamos. Frente a cada imagen, lo que deberíamos preguntarnos es cómo (nos) mira, cómo (nos) piensa y cómo (nos) toca a la vez”.

 

En toda su obra Didi-Huberman desarrolla una tipología sobre ethos y pathos en relación con temas como dolor, duelo, memoria e historia del arte. De acuerdo con su propuesta, el pathos del duelo contribuye poderosamente a convertir el drama de la muerte injusta en ethos moral de la vida política.

Sugiere que los rituales de lamentación son procesos destinados a visualizar plásticamente, a traducir en gestos e incluso a musicalizar, a poetizar, esta relación compleja con la sombra de la muerte, la relación existente entre el suceso (drama), el afecto (pathos) y la construcción simbólica de las relaciones sociales (ethos).

Por ejemplo, sobre la obra de Convert, expone el historiador que en esa paradoja del “silencio que grita –silencioso como la masa de cera blanca, vociferante como la oquedad que forman todos esos rostros en negativo– reside, tal vez, una valiosa indicación acerca de la doble condición del rostro humano: lugar del pathos por excelencia, que acepta como tal “el abismo de su propia incomunicabilidad”; y asimismo lugar del ethos por excelencia”, cita a Giorgio Agamben, anunciando que el rostro es el único lugar de la comunidad, la única ciudadanía posible y por esta misma razón, el campo de una lucha política de todos los instantes.