GUBERNATURA MEXIQUENSE: SUEÑO, PESADILLA O TRAGEDIA

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Por: Norberto Hernández 

 

Todos en movimiento, nadie está quieto. Las reuniones pactadas asumen el carácter de secretas o discretas, pero cada grupo político planea sus siguientes pasos. La inteligencia es empleada para dar el gran golpe. En MORENA seguramente evalúan impulsar cambios internos en el partido, colocar a los más afines al proyecto, reacomodar sus estructuras, normalizar la actuación delComité Estatal, organizar los Comités Municipales; sobre todo, llevar a cabo sus elecciones internas lo más rápido posible para llegar, al proceso electoral por la gubernatura,menos fracturados o no tan divididos. Adicionalmente, tienen que organizar dos movilizaciones trascendentes para el partido; la primera tiene que ver con la consulta para enjuiciar a los ex presidentes y la segunda sobre la revocación de mandato del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Con independencia a los que aspiren a la candidatura de gobernador, estas dos consultas son determinantes para MORENA. El resultado marcará un punto de partida hacia la victoria o de desgaste interno de mayores consecuencias. Será un antes y un después.

Sus triunfos en el oriente de la entidad confirman su fuerza regional, pero ahora cuenta con una auténtica base social en los municipios de la zona norte del Valle de México. Su tarea será conservarla y, si lo hace bien, sumarán mayores posibilidades de éxito. De la elección estatal de 2017, a la elección del 6 de junio de 2021 han crecido significativamente. En realidad, los resultados adversos en lo que se conoce como el corredor azul no lo son tanto. En menos de tres años, MORENA ha consolidado una estructura militante y de simpatizantes. Esa condición marca una diferencia dentro de una planeación estratégica, porque ahora el desgaste recaerá en los que llegan a gobernar; es decir, tendrán que  pagar la factura del costo de gobernar.

Es paradójico, pero sin ser gobierno estatal, MORENA es el partido a vencer. Solo tiene que atender tres factores decisivos. El primero de ellos, es una condición sine qua nonvinculada a superar la herencia de confrontación del pasado perredista. Prevalecen los conflictos de tribus y el antagonismo entre puros e impuros. El segundo punto se limita a construir una candidatura de unidad que incluya el beneplácito de AMLO. Y un tercer punto, se refiere a poner en marcha, de manera inmediata, las áreas de organización, capacitación y acción electoral en el Comité Estatal; son actividades estratégicas, sin ellas no se gana y están más allá de la lucha interna por la candidatura. En una elección tan importante no se puede improvisar.

Por el lado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) las cosas cobraron un nuevo brío. Ganaron 48 municipios, construyendo tres importantes cabezas de playa. La más importante de ellas es Tlalnepantla de Baz, que puede ser la punta de lanza de un gobierno que marque la diferencia y ayude a cambiar la percepción hacia las administraciones priistas en todo el Valle de México. Hasta ahora ninguna administración del partido ha significado un caso de éxito digno de reconocer. Toluca es la segunda plaza estratégica, pero debe dar un paso al frente para constituirse en una ciudad capital de vanguardia. Visitarla para ir a las tortas de la vaquita ya debe quedar atrás. Lerma tiene las de la Selva. El tercer bastión de importancia para el PRI lo constituyen todos los municipios de corte rural. Ese es su verdadero bastión de votos y que, al menos, ha dado dos victorias de elecciones de gobernador, la de Arturo Montiel y la del actual mandatario.

Es tal la fortaleza ganada, o recuperada por el PRI, que es realmente complicado que el Partido Acción Nacional (PAN) encabece la candidatura en una probable coalición. Tanto el PAN como el PRI saben que aliados pueden ganar, solos irremediablemente pierden frente a MORENA. Ahora bien, la coalición del PRI no necesariamente debe incluir al PAN, existe la posibilidad de hacerlo con el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el Partido Verde y Movimiento Ciudadano. Es evidente que en la coalición del PAN-PRI-PRD el ganador no fue el PAN, fue el PRI. Las victorias no solo son electorales, también son políticas. Además, tienen la gubernatura.

Al PAN lo dejamos para otro momento, tiene dos procesos que van marcar su futuro político-electoral. En breve tendrán que cambiar su dirigencia estatal y la nacional. El resultado que sea, va a modificar la toma de decisiones hacia el interior del partido. Por el momento, el PRI va a esperar lo que suceda y entonces empezará a buscar los acuerdos de corto y mediano plazo. Es probable que el próximo dirigente estatal del PAN no lo elijan sus militantes, de hecho hace mucho que esto no sucede. Al igual que el PRI, tiene la opción de ir solo y dar la batalla, pero ¿plata o bronce?