Al parecer, para ellas no hay futuro- Sandra Chávez Marín

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Al parecer, para ellas no hay futuro.

Sandra Chávez Marín

Fecha de Publicación: 11 de octubre 2021

 

Las veo andar en la calle por medio de un esbelto, casi esquelético forro de piel, al que me pregunto, si podríamos llamarle cuerpo; con el cabello grasoso por falta de aseo, detenido por una liga; la cara sucia de polvo, mocos, lagañas y saliva, en la que apenas asoman del espacio que queda entre la mano que sostiene lo que llaman “mona” y la frente, un par de ojos profundamente tristes con la mirada perdida en el horizonte, oliendo a una mezcla entre thiner, gasolina y resistol.

Corren apenas el semáforo cambia a rojo, para, fingir que pueden hacer brillar los neumáticos de los autos con una pócima que vierten en un pedazo de esponja, la cual, supongo, en algún momento fue amarilla y ahora solo es negra, negra color de llanta. Otras con más edad, limpian parabrisas auxiliándose de una botella con jabón líquido, una fibra y lo que considero una especie de jalador de agua.

Todas repiten la secuencia cada cambio de color en el poste colocado para dirigir el espeso tráfico de la esquina que ellas ocupan, diariamente, en su horario de trabajo, tratando de obtener una moneda a cambio, para, quizá, mitigar el hambre tanto como los recuerdos y dolores más internos, con los medios tóxicos a su alcance, evadiendo, luchando, convenciendo a su propio ser de que la vida no es tan miserable como para ellas en realidad, lo es.

Se unen al final de la jornada para compartirse la manzana, el plátano o naranja que una persona les regaló como pago por la “limpieza” a su auto; quizá esa parte de la comida será el único alimento que probarán en veinticuatro horas.

Y así como ellas, otras miles habitan en las calles de nuestro país; pero no olvidemos a las refugiadas entre los barrotes de su propio hogar, las abusadas física, sexual, psicológicamente por aquellos que deberían protegerlas, cuidarlas, amarlas.

Las hay existiendo, subsistiendo, tanto dentro como fuera del núcleo familiar; si pasas a su lado, sonríe, bríndales un poco de sol entre tanta tormenta; comida, una palabra; abriguemos su pesar, tanto, como si fuera nuestro.

No olvidemos que la infancia es, y debe continuar siendo, sagrada, intocable, inmaculada.

Unamos fuerza, amor, voluntad y apoyemos desde nuestra capacidad a quien lo necesita; no permitamos el abuso de la infancia, de la inocencia. Procuremos que ellas también tengan la posibilidad de un futuro.

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