Alumbrando el siglo xv con focos de leds

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POR Isidro O’SHEA

La primera vez que López Obrador exigió que el gobierno español se disculpara por lo sucedido en los tiempos de la colonización, escribí en mi blog sobre lo ridículo y fuera de lugar que estaba tal petición; los noticieros españoles lo hablaron, los políticos españoles asentaron sus posturas, y la mayoría de España se rio naturalmente de nuestro presidente.

 

El tema desapareció poco a poco de la opinión pública, sin embargo, ha renacido ante una segunda petición absurda del presidente mexicano. Lo anterior, sumado a que el 12 de octubre es fiesta nacional en España, país severamente dividido por el espectro ideológico izquierda – derecha, ha hecho que hoy el tema de la colonización vuelva a marcar agenda, pero ahora a los dos lados del Atlántico.

 

Es importante decir que institucionalmente España no tiene porque disculparse. Dichas disculpas se dieron de manera institucional, es decir, a través de la jefa del Estado Español, Isabel II, con el tratado definitivo de paz y amistad firmado en 1836. Lamentablemente el presidente mexicano nunca está informado de las cosas, o simplemente quiere que también esto gire en torno a él.  La pregunta es: ¿el gobierno español tendrá que disculparse cada que a un gobernante mexicano se le ocurra? O bien ¿cada que un presidente quiera tapar sus fracasos, con inútiles y dañinas cortinas de humo?

 

Es desafortunado querer juzgar lo que sucedió hace 500 años a partir de los conocimientos que hoy día tenemos, y que evidentemente no se tenían en ese entonces. Esos conocimientos sin la experiencia conjunta hubiesen sido imposibles, como hoy sería imposible mucho de lo que hacemos.  Al hecho de querer alumbrar el siglo XV con linternas del iphone o con luces de leds se le llama presentismo, y es indudablemente evidencia de ignorancia y cerrazón.

 

Tanto el presidente, como todo aquel que piense que en verdad es legítimo exigir disculpas al gobierno español, de algo que sucedió cuando México no era México, ni España mínimamente la España de hoy, son personas con poca visón, con las fronteras muy cerca de su cara, egocéntricos, y rencorosos.

 

¿Qué se puede esperar de aquellos que guardan rencor y frustraciones de hechos tan remotos y de índole política? Si absorben su energía llenándose de rencores por asuntos públicos y lejanos, no me quiero imaginar lo que pasa por sus cabezas cuando alguien les mienta la madre en un semáforo.

 

De alguna manera me gustaría creer, que el presidente lo hace con el afán de que la mirada de los mexicanos no esté en sus muy evidentes fracasos; prefiero pensar ello, a pensar que realmente lo encuentra legítimo en la profundidad de sus ideales. Sin embargo, si fuera lo segundo, estaría entendiendo sus frecuentes miradas de enojo ante las cámaras.

 

Ahora bien, no conforme con exigir disculpas, hoy también los gobiernos morenistas, empiezan a satanizar no solamente la conquista, sino hasta el simple hecho de la llegada a América, al señalar específicamente a Cristóbal Colón, quien solamente quería, contrario a ellos, ver más allá de los límites y demostrar que había algo más allá de Europa.

 

La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, debería saber que Colón, personaje a quien se le asigna el descubrimiento de América, y de quien, ella retiró un monumento, no tenía ni siquiera como objetivo llegar a estas tierras; sin embargo, él sí se atrevía a pensar fuera de la caja. En segundo lugar: Colón, a quien su gobierno está satanizando, murió en 1506, 13 años antes del inicio de la conquista. Además de presentismo, también actúan con ignorancia.

 

Dice Bobbio, uno de los principales filósofos políticos contemporáneos, que hay temas superados, ya sea por el tiempo o por grandes consensos, mismos que no se deben volver a poner sobre la mesa, por el simple hecho de dañar la cohesión social y el sano debate público. Hoy quien quiere que el gobierno español se disculpe, está abriendo heridas del pasado, sin saber lo peligroso que puede ser.

 

Indudablemente, sería mucho más fructífero que se le exijan disculpas a aquellas personas que hicieron daño al México de hoy, al México contemporáneo, con hechos que actualmente tienen repercusiones. Que se disculpe Bartlett por orquestar el fraude contra la democracia en 1988; que se le exija a Bejarano retirarse del asunto público y no manejar programas sociales, ante el gris pasado de sus portafolios llenos de billetes; que se le exija a Sheinbaum rendir cuentas por los obscuros permisos de construcción que dio al colegio Rebsamen, donde murieron niños en el sismo del 2017. Todos esos sucesos están mucho más frescos, y de estos sí viven aún los responsables.

 

Hoy nadie de los que se corta las venas con pan de molde, es totalmente indígena, como tampoco lo es totalmente español. Hoy este espacio que amamos llamado México no es el mismo que fue hace 500 años; somos producto de la mezcla, de la fusión, aunque su afán populista y demagógico no lo quiera reconocer.

 

México y España son naciones amigas, aunque se nieguen a verlo. Recuerden a Octavio Paz, recuerden que “los otros todos, que nosotros somos”.