Con la mente abierta: La fragmentación de la república

0
135

POR: AYASOFÍA

México atraviesa por una de las más grandes crisis en su historia reciente. Por un lado, un gobierno que desde su arribo al poder, no ha dejado de mentirle al pueblo; un gobierno al que a lo largo de 16 meses de gestión, lo han señalado distintos sectores de no saber gobernar; un gobierno que se ha caracterizado por encubrir sus fracasos y limitaciones, echarle la culpa a sus antecesores neoliberales, fifís y un sinnúmero de calificativos que le ha dado el jefe del ejecutivo; en fin, un gobierno frívolo y decadente, autobautizado como el gobierno de la Cuarta Transformación.

Todos los anteriores calificativos, a excepción de los que emplea AMLO para referirse a los que no están de acuerdo con él y su política, rondan en la mente de la mayoría de los mexicanos conscientes, quienes, inclusive, han empezado a hablar sobre la revocación de mandato. Sin embargo, el protagonista de “Las Mañaneras” tiene muy claro sus objetivos: la implementación de su sistema socialista y la perpetuación de su mandato, por eso su reciente expresión de “nos vino como anillo al dedo”, refiriéndose a la pandemia del COVID19.

Por otro lado, la pandemia que atravesamos vino a poner en perspectiva,  las limitaciones del gobierno, exacerbando algunas que ya se presentaban con antelación, como el hecho de que en el frente de batalla conformado por médicos, enfermeras, camilleros y otros servidores públicos del sector salud, no cuenten ni con lo más elemental para atender a la población contagiada, arriesgándose a contagiarse y llevar el contagio a sus hogares; pero, sobre todo, se ha puesto en evidencia el proyecto de país que anhela el presidente, en el marco de su verdadera personalidad. Aquel luchador social incansable que criticó al presidente en turno cuando en 2009 nos abatió la epidemia de influenza, desapareció o cambio radicalmente de objetivos e intereses al llegar al poder. Aquel que le reclamó airadamente a Felipe Calderón cuando la pandemia de AH1N1, para que apoyara al sector empresarial y con ello no se perdieran fuentes de trabajo, ahora les da la espalda. La pandemia del coronavirus le está bajando las defensas a la nación, a grado tal que, como ya lo anticipábamos, está en riesgo la República.

El gobernador de Jalisco ya no está a la espera de directrices federales; ha tomado la batuta junto con los empresarios de su Estado, quienes promueven una declaratoria de independencia de su cúpula nacional.

Enrique Alfaro no le pide ayuda a la federación, sólo facilidades para que le permitan importar las pruebas de COVID19, que le permitan conocer la gravedad del contagio en el Estado que gobierna, asumiendo los costos que esto genere, sin embargo, lo han bloqueado sistemáticamente. Por su parte, los empresarios de Jalisco también reclaman ser escuchados por la federación y por sus líderes empresariales. No están de acuerdo con la postura asumida por el Consejo Coordinador Empresarial, quienes al no ser escuchados por el gobierno federal, se limitaron a declarar que hablarían con los sindicatos, circunstancia que motivó declaraciones entre el empresariado jalisciense, de que la cúpula no los representa, dando a conocer un pacto por la estabilidad y el empleo.

El autismo y cerrazón del gobierno de la Cuarta Transformación, al no llamar a un gran pacto nacional, no sólo ha lesionado a Jalisco; Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua, Querétaro o Guanajuato, por citar algunos, también se han visto seriamente afectados. Por ello sus gobernadores han conformado bloques para atajar la emergencia.

Los mandatarios de Jalisco, Querétaro y Guanajuato se aglutinan para sacar adelante a su “República del Bajío”; los de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila transitan hacia la reinstauración del “Nuevo Reino de León”; en tanto que Yucatán, Quintana Roo y Campeche buscarán defenderse con su “República Peninsular del Caribe”.

La fragmentación de la República podría radicalizarse si no se convoca a un gran pacto de unidad, que ayude a terminar el paso de la crisis sanitaria y, con un plan nacional, a estabilizar y fortalecer la economía nacional, con la suma de todos los actores políticos, sociales, empresariales, sindicales, en fin, de todos los mexicanos. Si se radicaliza, ya no existirá forma de invocar el pacto federal que garantiza la coordinación de los 32 Estados, y que hasta el día de hoy, le da al país, en la praxis, la categoría de República, dañando irreparablemente el tejido social, político y fiscal de la nación, y diezmando las posibilidades de desarrollo entre los Estados más pobres del país como Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Tabasco y Veracruz, ¿o acaso también se desprendería la “Nueva República de la 4T”, agregando a estos estados el territorio de la Ciudad de México?