COVID-19 y reinfecciones: ¿Qué es lo que sabemos?

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POR Fernando Ariel GARCÍA TERRÓN

Una de las grandes interrogantes que tiene la ciencia hasta el día de hoy es, qué tan efectiva y qué tan duradera puede ser la protección conferida por nuestro sistema inmunológico al recuperarnos de la infección por el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19; esto es de vital importancia para predecir la evolución de la pandemia. Sabemos que para muchos otros virus el haber estado expuestos a ellos genera una protección de por vida, pero con los coronavirus, generalmente la protección dura un tiempo limitado.

 

En días pasados, la revista británica The Lancet publicó el primer caso de reinfección en Norteamérica, un joven estadounidense de 25 años, previamente sano, quien presentó síntomas leves de la infección, por lo que se indicó una prueba PCR la cuál fue positiva a SARS-CoV-2 en abril de este año; estuvo en cuarentena y se recuperó sin incidente alguno, posterior a su recuperación tuvo dos pruebas PCR negativas realizadas en diferentes momentos. Mes y medio después de la primer prueba, comenzó nuevamente con síntomas, esta vez más graves, llegando a la falta de oxígeno, por lo que fue hospitalizado, se le realizó una nueva prueba PCR y resultó positiva nuevamente para SARS-CoV-2. La secuenciación genética de las muestras arrojó que ambos virus pertenecían a la cepa más prevalente en la región, pero diferían en cuanto al material genético.

 

En el mundo al día de hoy se han reportado casos aislados de reinfección, países como Hong Kong con un paciente masculino de 33 años cursando una primera infección leve y reinfección asintomática, en Bélgica una paciente femenina de 51 años con una primera infección leve cursando reinfección moderada y Ecuador, un paciente masculino de 46 años con una primera infección moderada y reinfección grave. Incluso, a principios de la semana, se reportó en Holanda la primer muerte por reinfección de una paciente de 89 años que era tratada por un cáncer de células sanguíneas.

 

Mucho se ha hablado en algunos países de lograr una inmunidad de rebaño, lo que significaría dejar que la pandemia siga su curso natural, infectando una gran parte de la población, esperando que todos los infectados generen los anticuerpos necesarios y en caso de estar en contacto en nuevas ocasiones con el virus, los anticuerpos generados en la primera exposición sean capaces de impedir reinfecciones, estabilizando y en última instancia disminuyendo la tasa de nuevas infecciones; pero con los crecientes reportes de casos de reinfección alrededor del mundo, ¿qué significa esto para la salud pública y los esfuerzos de tener una vacuna efectiva contra la COVID-19?

 

En primera instancia se necesitan más investigaciones para elucidar si las reinfecciones ocurren debido a una débil producción de anticuerpos frente al virus o bien si los anticuerpos producidos son suficientemente efectivos para impedir potenciales reinfecciones. Por el momento, se cuenta con distintas teorías que apuntan a que los pacientes pueden tener infecciones persistentes que involucran activación y desactivación del virus dentro del organismo con grados distintos de mutaciones del virus. Es importante resaltar que los casos de reinfección reportados hasta el momento han sido identificados por el hecho de que los pacientes presentaron en una segunda ocasión síntomas compatibles con la infección, pudiendo haber muchos más casos asintomáticos que no han sido detectados. Aquí radica la importancia de tener campañas permanentes y comunitarias de detección; pruebas, pruebas y más pruebas.

 

Mientras más casos de reinfecciones sean descritos, esto permitirá tener más y mejores estudios que podrán ayudar a esclarecer los mecanismos de protección inmunológica que genera el organismo ante las exposiciones a este nuevo coronavirus. Ayudando de igual manera al desarrollo de vacunas seguras y efectivas que puedan conferir una buena protección inmunológica y a través de campañas de vacunación robustas generar la muy deseada inmunidad de rebaño. Por el momento y ante la incertidumbre no nos queda más que seguir con las medidas básicas de salud pública que son las que han demostrado ser la mejor protección contra este virus, lavado de manos, distanciamiento fisco y uso de cubrebocas en espacios públicos; la ciencia nos dice hasta ahora que no por haber tenido infección previa por el SARS-CoV-2 quiere decir que no debemos preocuparnos por adquirir nuevamente la enfermedad. No es momento de bajar la guardia.