El momento de Don Porfirio

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POR Norberto HERNÁNDEZ

Don Porfirio es un costal de mañas, lleno de sabiduría, anécdotas, experiencia; en su haber se registran acontecimientos que todo hombre dedicado al servicio público y la política anhela. Conoce a la perfección el funcionamiento del sistema político mexicano, fue parte de él, ejerciendo cargos desde el  más modesto hasta el de más alto nivel. Cercano a presidentes como Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid conoció el manejo de la toma de decisiones en momentos de apremio de sus gobiernos.

En política exterior sus cartas credenciales no son menores, siempre activo, intenso y tal vez esa vitalidad impidió que llegara más lejos en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Conocido en el mundo de las relaciones internacionales, tanto en Centro y Sudamérica como en África y Europa. Nunca renunció a ser él e insistir en la defensa de sus ideas, algunas con costos negativos a sus objetivos. Es un político que quiso ser como el presidente Cárdenas con las formas del presidente Adolfo López Mateos. Desafortunadamente, Porfirio Muñoz Ledo no pudo llegar al lugar por el que luchó y formó toda su vida: la presidencia de la República.

Orgulloso de su trayectoria académica, no rehúye el debate de las ideas, sobre todo de la ciencia política, de la que se siente un promotor y fiel defensor. Dio clases y escribió en Francia, aprendió inglés en el camino durante su desempeño en la ONU e impartió cátedra en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (FCPyS de la UNAM). Conferencista y autor de artículos, ensayos y libros sobre temas de interés nacional, sobre todo de política. Sus dotes de orador lo hicieron un buen tribuno y un líder de opinión conocido y reconocido, tanto por sus seguidores como sus detractores. Habla Porfirio y la polémica es inevitable. Cómo no recordar la famosa interpelación hecha al presidente Miguel de la Madrid Hurtado en su sexto y último informe de gobierno, luego del fraude electoral registrado en las elecciones de 1988. Rompió la tradición de solo escuchar y ser comparsa del tlatoani mexicano, porque el día del informe era el día del presidente.

Hombre clave en la conformación del movimiento disidente en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1987, partido del que fue su dirigente nacional. Al lado de otros compañeros de lucha, conformó la Corriente Democrática del (PRI); al final rompieron con el partido hegemónico y, con ello, impulsaron el movimiento cívico-político de mayor relevancia para el cambio democrático nacional, al dar paso a la creación del Frente Democrático Nacional que promovió la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la presidencia del país en julio de 1988, donde impusieron al candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari. Polémica que sigue viva en 2020.

A la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) ocupó su dirigencia nacional de manera natural. Era el político conveniente y adecuado para el momento que vivía el PRD. Al considerar que las causas que dieron origen a ese partido habían cambiado y, por su fuerte personalidad, Porfirio salió para buscar otros caminos y trincheras de lucha. En las elecciones presidenciales de 2000,  apoyó al candidato del Partido Acción Nacional (PAN), Vicente Fox Quesada. Fue integrante de aquél gobierno como embajador de México ante la Unión Europea, cargo que desempeñó hasta 2004.

Por su relación con el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, se integró al proyecto de este y a la causa de MORENA, de donde ahora es diputado y polémico aspirante a dirigir al partido. Es un candidato que no ha salido de su casa para hacer campaña. Usa lo que siempre ha tenido: habilidad política y una voz incendiaria, llena de ideas, de argumentos que gustan a los medios y enojan a sus adversarios. Porfirio tiene lo que unos llaman olfato político, y otros, oportunismo. Sin embargo, ahora enfrenta a un enemigo inevitable: el tiempo. Nació en 1933, para 2020 ya es mucho el camino andado. Tiene claridad de ideas, pero arrastra las palabras.

Por su propia trascendencia de figura pública y política debe renunciar a la candidatura para dirigir MORENA. La energía, los tiempos y los cambios experimentados en México son distintos. Él fue protagonista de otros tiempos y así lo debe entender. Por el agradecimiento y reconocimiento que muchos mexicanos tenemos hacia su persona debe aceptar la línea de la vida y el cambio generacional. Ha sido y es un hombre al que se mira con grandeza y así se debe retirar. Que se lleve el cinturón de campeón, no el recuerdo de verlo vociferante y como fiero detractor de un movimiento al que contribuyó y que hizo posible el cambio político en México. El maestro Porfirio está a tiempo de rectificar.