Los quesos prohibidos y la mala leche

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POR Alberto ABREGO

“para evitar el engaño a los consumidores mexicanos, y con el fin de proteger sus derechos, se prohíbe la comercialización de más de 20 productos denominados como queso y yogurt natural

Comunicado de la Secretaría de Economía

 

 

En pasado 13 de octubre la Procuraduría Federal del Consumidor, en conjunto  la Secretaría de Economía prohibieron 23 productos de quesos y dos de yogurt de 18 marcas comerciales, conforme a las disposiciones de la nueva Ley de Infraestructura de Calidad.

 

Lo anterior, porque las marcas engañaban al consumidor con sus productos, no mostraban en la superficie del empaque que utilizan caseinatos para el queso y porque sus productos tienen menor gramaje del que anuncian en su etiqueta. Además de que contienen grasa vegetal para sustituir la leche, aun cuando promocionan lo contrario.

 

Las 18 marcas sancionadas son: Fud, Nochebuena, Premier Plus Cuadritos, Zwan, Caperucita, Burr, Precissimo, Frankly, Selecto Brend, Galbani, Lala, El Parral, Portales, Walter, Sargento, Cremería Covadonga, Aurrerá y Philadelphia.

 

Después de tres días, algunos alegatos y de mediatizar el asunto, más de la mitad de estos productos ya volvieron a la venta luego de comprobar las correcciones requeridas en su etiquetado, es decir, no cumplían con las normas, se supone que ahora ya las cumplen.

 

¿Así de fácil?, ¿cambian las etiquetas y ya? Más allá de los tres días de prohibición y los consecuentes riesgos a la economía del país, estas empresas nos estuvieron mintiendo sobre lo que nos vendían. Independientemente de que el asunto esté politizado, ¿qué garantías tenemos los consumidores de que las empresas no van a seguir engañando?, ¿son las únicas?, ¿y las de productos cárnicos?, ¿y las refresqueras?, ¿y los embutidos?

 

El fraude alimentario por parte de las grandes empresas es un problema de todo el mundo. Está comprobado que la publicidad engañosa y las omisiones o mentiras en el etiquetado sobre el contenido y cualidades del producto, es una actividad altamente lucrativa y desleal que reditúa millones de dólares y que algunos países ya combaten desde hace años.

 

En México, la lucha contra el fraude que representa esta actividad está en pañales, apenas el 27 de marzo de 2020 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la norma sobre el etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas; el 8 de noviembre de 2019 se reformó también la Ley General de Salud en materia de sobrepeso, obesidad y etiquetado de alimentos; en Oaxaca se aprobó la Ley de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que prohibe la venta de comida chatarra a niños, y que ya se promueve en otras entidades. Es hora de dar el siguiente paso: ¿Sería demasiado pedir que en México se legisle para que estas actividades se investiguen y sancionen por la Fiscalía General por el delito de estafa?, parece una utopía pensar que algunos empresarios podrían ir a la cárcel.

 

El derecho de los consumidores a estar informados sobre lo que compramos no se contrapone a los derechos de los empresarios, pero la falta de códigos morales en pos de obtener las mayores ganancias posibles han sobrepasado los límites de lo ético y aceptable desde el punto de vista moral, social y de salud pública. Su codicia y avaricia generan deslealtad y falta de escrúpulos, y representan una poderosa maquinaria que corrompe todo y vulneran la legalidad a costa de la salud pública y de lo que sea.

 

Desgraciadamente nos hemos acostumbrado a pensar lo que nos hacen pensar, a leer lo que quieren que leamos, a caminar por el camino que nos trazan y a comer lo que nos dan, sin preguntar. A  través de los siglos hemos aprendido que el país funciona así.

 

Y como es costumbre, desde el primer día este asunto se politizó. “Que es una cortina de humo”, “que es un distractor”, “que hay cosas más importantes”, o “que espantan a los empresarios”, entre otras.  Los críticos, los que dicen “no” a todo, los objetivos y los “mala leche” (como la que usan en los quesos), todos forman parte de la diversidad y la democracia, y su voz es bienvenida.

 

Yo estoy a favor de esta medida. Seguramente hay omisiones que reclamar, acciones que cuestionar, o errores que señalar, pero este no es uno de ellos.

 

¡Que etiqueten con la verdad, y que digan lo que nos venden!