ENTRE TUERCAS Y CABLES – DISRUPCIONES DE LA CADENA VOL.2

0
116

 

Por: Alfonso Faure

@alfonsofaurem

 

El lío en el que se encuentra la industria automotriz a nivel global por la escasez de semiconductores no parece que vaya a terminar pronto. Al día de hoy, la manufactura de autos ha sido tremendamente afectada por estos componentes. Incluso, la crisis ha aumentado y podrá afectar a más y más personas ya que el problema podrá escalar hasta los bienes de consumo. Esto es debido a que, al momento que la tecnología ha avanzado en los últimos años, la demanda por estas pequeñas piezas de silicio ha aumentado también. Todo lo que sea “Smart”, tenga algún tipo de pantalla o monitor, o algún detalle especial, seguramente incorpora un microchip: desde un cepillo eléctrico hasta las lavadoras, tostadoras y por supuesto los electrónicos. De esta manera, los automóviles se pelean con todo tipo de productos diferentes para conseguir estos semiconductores y entregar los productos a los clientes.

 

            Un estudio realizado por la firma Deloitte demuestra que en los años 80’s, los electrónicos solamente significaban el 5% del costo total de un vehículo; sin embargo, para el 2030, se cree que la porción de los electrónicos podría llegar hasta el 50%. Es decir, la mitad del valor de fabricación de un vehículo está integrado a los componentes electrónicos y la mayoría de éstos, necesitan contener un microchip para poder funcionar.

            No obstante, el tipo de semiconductores que utilizan los carros son diferentes tanto en su manufactura como en sus funciones con los chips que se integran a las consolas de videojuegos, computadores y/o teléfonos. Para empezar, las funciones de un procesador de videojuegos son muy diferentes de lo que necesitaría un procesador del sistema central de un motor para coordinar los sistemas de admisión, quema de gasolina y el control de los gases de escape en un vehículo. Y es que en los primeros se espera un rendimiento computacional poderoso; mientras que en lo segundos no necesitan los chips más avanzados. Por otro lado, está la confiabilidad del producto; ya que, aunque no se espera que falle un equipo electrónico recién comprado, no es lo mismo que se trabé la imagen de un PlayStation a que fallé el sistema de seguridad en vehículo. En uno, el usuario experimentará una mala experiencia con su compra y estará enojado; el otro podría causar un accidente que con las condiciones “incorrectas” llegaría a ser fatal. Finalmente, la vida media es un factor importante porque para unos se espera una vida media de 2 a 5 años, en la industria automotriz espera tener productos con una vida media de mínimo 10 años.

 

            Con estas marcadas diferencias tanto en las características del producto como en los procesos de manufactura, es fácil distinguir las razones por las que los fabricantes de los semiconductores no han podido aumentar la oferta; y por qué la industria automotriz ha sido la más afectada. El año pasado cuando el mundo se paralizó, las principales armadoras de autos decrecieron sus planes de producción por lo que los fabricantes dedicaron su producción a los chips más valiosos y avanzados de los electrónicos de consumo. Ahora que la producción vehicular se ha balanceado, se ha llegado a un cuello de botella porque las fábricas simplemente no pueden entregar a tiempo todas sus órdenes. De esta manera, las marcas de autos han decidido retirar algunos componentes de sus vehículos como por ejemplo RAM que ha dejado de incorporar la función “Smart” en su espejo retrovisor, o Nissan que ha dejado de incluir el sistema de navegación que normalmente incluye en sus vehículos; y Renault que deja de incluir su tablero de instrumentos digital en algunos modelos.

La falta de semiconductores es más notoria o es visible más rápido por cómo está diseñada la cadena de suministro que demanda mantener los inventarios al mínimo posible y producir usando la filosofía del “Just In Time”. Mientras tanto, los electrónicos cuentan con una cadena de suministro con tiempos e inventarios muy diferente. No obstante, lo más probable es que a lo largo del año estas industrias se verán afectadas. Samsung ya anunció que probablemente suspenderá el lanzamiento de su próximo celular Galaxy Note; y es posible que si Apple lanza un nuevo iPhone en Septiembre, éste tendrá retrasos en sus entrega.

 

Aunado a todo esto, está la guerra geopolítica entre los aliados Occidentales y el gigante Asiático (China). La mayor parte de los chips son producidos entre China y Taiwán (la isla que según los chinos es de ellos y según ellos son un país libre); por lo que éstos son acaparados para el mercado asiático, sus marcas y sus necesidades. El segundo productor es Estados Unidos y por último con tan solo un 10%, está la Unión Europea. Éstos se han dado cuenta que se necesita “soberanía nacional”, o por lo menos regional, para la producción del silicio y sus componentes, que serán cada vez más demandados para las múltiples aplicaciones tecnológicas y de movilidad.

Parece que el problema no se resolverá pronto y podrá extenderse hasta el próximo año; por lo tanto, algunos expertos recomiendan comprar como en el México de los Ochentas: Comprar el auto que se vea en la agencia por que mañana quien sabe si estará. Si se quiere personalizar su vehículo, podría demorarse semanas o incluso meses. Así que o comprar rápido o practicar la paciencia.