ENTRECOMILLAS

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EL NEGOCIO SOBRE LA TRAGEDIA


POR Alberto Abrego


“El hombre es un animal que estafa, y no hay otro animal que estafe además del hombre».
Edgar Allan Poe.
El 19 de septiembre es una fecha muy sensible para los mexicanos. Se recuerda la tragedia de los terremotos de 1985 y 2017. El de hace 35 años, con magnitud de 8.1 grados en la escala de Richter, con epicentro en las costas de Michoacán y Guerrero, con una duración de casi cuatro minutos cobró un saldo de más de 20 mil vidas perdidas; mientras que el de 2017, con magnitud de 7.1 grados, epicentro en la comunidad de Axocahapan, Morelos, provocó el derrumbe de más de 40 edificios en la CDMX, 12 mil inmuebles afectados y la cifra oficial de 369 personas fallecidas, en la Ciudad de México y en los estados de Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero y Oaxaca.
En esta fecha no solamente se recuerda la tragedia, los edificios derrumbados, el ruido interminable de las sirenas, de gritos atrapados, la muerte desde la tierra, otra vez los inocentes caídos, también se conmemora la solidaridad, la demostración de una sociedad que ya no cree, y que es evidencia de la incompetencia gubernamental. Los lamentos continúan vigentes, tan vigentes como las 19 mil familias que aún no recuperan un lugar para vivir, algunas otras se convirtieron en deudores al firmar contratos que los obligan a pagar nuevamente, y muchas otras aún duermen en campamentos en la calle.
Desde los edificios colapsados sobre cientos de víctimas se acentuó el hedor de la corrupción: las construcciones sin permiso, las autorizaciones sin requisitos, los permisos falsos, la rapiña, el desvío de recursos, las resoluciones no cumplidas, los peritajes no realizados, el robo descarado, los materiales de baja calidad, la voracidad de las constructoras y la insensibilidad ante la tragedia.
¿Cuántas vidas de niños no se hubieran sacrificado si el Colegio Rebsamen no hubiera formado su gran negocio sobre cimientos de papel?, ¿si las autoridades hubieran exigido en tiempo y forma su regularización?, ¿si no se estuviera laborando al amparo de documentos falsos?, ¿o si las autoridades de Protección Civil, en su momento hubiera revisado y clausurado los inmuebles que por tiempo ya no cumplían con sus requisitos de seguridad?, ¿o si se hubieran construido con los materiales de calidad?, ¿cuántos murieron porque no encontraron una salida de emergencia?, ¿o porque las escaleras estaban endebles?
Hoy, a tres años de la tragedia del último gran sismo en México, al respecto existen al menos 149 Carpetas de Investigación por homicidio culposo o fraude y 45 empresas están bajo investigación, entre ellas Grupo Arquitectome, Dekah Inmobiliarias, Canadá Building, DPE Soluciones Integrales, REM, GAPSA, Diseño Arquitectónico y Construcciones, Darmi, Baitia e Inmobiliaria Punta y Dijón. Pero las autoridades no han logrado imputar nada a ninguna de estas constructoras a las que se investiga como presuntas responsables. Algunos dueños de estas inmobiliarias ni siquiera han sido llamados a declarar, mientras que otros funcionarios solo pisaron la cárcel unos días y salieron por falta de pruebas, por enfermedad o bajo caución.
De nada han servido los reclamos de miles de damnificados, ni los dictámenes donde se demuestra corrupción total en la construcción de los inmuebles. A la fecha sólo una persona permanece en la cárcel, y es “Miss Moni”, directora del Colegio Enrique Rébsamen donde murieron 17 niños y 7 adultos. Las autoridades solo hablan del tema cuando se acerca el aniversario. Acaban de informar que ya se han entregado 110 edificios reconstruidos y que las obras de las viviendas caídas va al 75 % y que esperan terminar en el próximo año.
Datos públicos señalan que ante la tragedia, el gobierno mexicano recibió de gobiernos y particulares extranjeros alrededor de 91 millones de pesos, que se suman a las donaciones de la industria privada nacional, organizaciones no gubernamentales y particulares. En tres años, ¿sólo ha alcanzado para apoyar a 6 mil de las 25 mil familias damnificadas? Se sabe que varias de las dependencias que recibieron los donativos no tuvieron una entrega transparente de los recursos. ¿Entonces?
Y es que ya no se puede esconder tanta podredumbre, tanta deshonestidad. Desde los escombros surgieron las verdades y se agudizó la crisis de credibilidad en un régimen que ha olvidado su lado humano, y ha olvidado a quién se debe. Ha prevalecido la ventaja sobre la tragedia, por encima de colores partidistas e ideologías.
Es cierto, los sismos no se pueden predecir, eso nos han dicho los científicos en la materia. Pero sí se puede predecir el posible colapso de un edificio, sí se puede exigir documentación de uso de suelo y permisos para laborar por parte de las autoridades, sí se puede fomentar desde las escuelas, la cultura de la prevención, a partir de simulacros y concientización; sí se puede enviar ayuda con los recursos gubernamentales a las zonas más alejadas que sufren los azotes de la naturaleza, sí se puede construir carreteras y puentes para que las zonas marginadas tengan acceso a las nuevas tecnologías y recursos, sí se puede exigir gobiernos honestos que no lucren con el dolor humano, que no se roben las despensas y los víveres que la sociedad dona a sus semejantes, que no se roben los recursos con artimañas como las de la famosa Estafa Maestra, sí se puede castigar el gran fraude de Odebrecht, o evitar que vendan favores políticos a cambio de grandes fajos de dinero, como se evidencia en algunos videos.
Tal vez eso pase en otras partes del mundo, pero aquí en México, unos hacen negocio, y otros mueren…