MUCHOS VOTARÁN POR MORENA

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Por Isidro O’ SHEA

 

Es indiscutible que la intención del voto a MORENA y la aprobación al presidente ha disminuido radicalmente, como también es indiscutible que muchos miembros del partido que se decían parte de esa esperanza para México se han quitado la máscara y han demostrado quiénes son verdaderamente.

Sin embargo, no son la intención del voto o la aprobación del presidente las variables que más deberían preocupar a la 4T, sino aquello poco tangible pero que suena ferozmente: la legitimidad; en este caso, la pérdida de legitimidad, reflejada, sobre todo, en la pérdida de credibilidad de lo que dice el presidente.

Y es que aunque el presidente continúe pensando que sus ocurrencias y justificaciones le suman puntos, precisamente resultan en lo contrario: le restan puntos rumbo al 6 de junio;  pues no olvidemos que si bien este, afortunadamente no aparecerá en las boletas, es el líder moral del partido gobernante, un partido que no está basado en una ideología ni mucho menos en un plan de gobierno, sino simplemente en un liderazgo carismático, es decir, en términos de teoría política, MORENA no es más que un partido personalista, que ante la falta del líder se desvanece.

Hoy, hay muchos sectores de la sociedad que justificadamente pueden dar un voto en contra del presidente y su partido: los médicos que no han sido protegidos; los que han sufrido la pérdida de un ser querido, gracias a la poca claridad del gobierno federal sobre las medidas a tomar y la evolución del COVID; los periodistas que han sido ignorados; las madres de familia que hoy no tienen una estancia en la cual dejar a su hijos para ir a trabajar; los que se veían beneficiados por comedores comunitarios o el seguro popular; las feministas, cuya causa ha sido menospreciada; todas aquellas personas que forman parte de una asociación civil y que no solamente han sido ignoradas, sino incluso satanizadas; los estudiantes de posgrado que han perdido sus becas; los que en algún momento creyeron que a estas alturas estarían vacunados; las víctimas del incremento de violencia; pero sobre todo, aquellos ciudadanos racionales, que son conscientes de las contradicciones del presidente, y no solamente de las contradicciones, sino incluso de su cinismo y/o valemadrismo.

Sin embargo, a pesar de todos y todas ellas, que de manera justificada podrían darle un voto a la oposición, hay muchos otros y otras que votarán por MORENA, incluso estando enojados y descontentos con el actual gobierno; porque si bien, ya se dieron cuenta de que AMLO no era la esperanza de México, siguen también, justificadamente enojados con los partidos tradicionales, ellos que nos gobernaron durante años.

Pero de lo anterior cabe hacer diferencias; de lo contrario estamos perdidos. Si no somos capaces de diferenciar y matizar, vamos entrando a una especie de laberinto más obscuro, donde no basta hablar de la crisis de los partidos, sino de la crisis de la democracia en México; sin ponernos a pensar que nuestra democracia, al igual que cualquier otra, no debe ser utópica.

Señalo que es preciso matizar y hacer evaluaciones lo más precisas posible, porque si bien los partidos tradicionales ignoraron nuestros problemas durante muchos años, no es lo mismo hablar de un sexenio que de otro; como tampoco podemos culpar al PAN al unísono que culpamos al PRI, pues no solamente el PAN nos gobernó solo 12 años, sino que incluso fue el PAN el gran partido catalizador de los avances democráticos que permitieron que a finales del siglo XX tuviera lugar la ansiada transición.

De igual manera, no podemos señalar por igual a los gobiernos de Lázaro Cárdenas que a los de Díaz Ordaz, Luis Echeverría o López Portillo; como tampoco podemos sacar las mismas conclusiones de los mencionados y del ex presidente Peña Nieto; porque entonces, reitero, caemos en el confort de decir que todos son iguales, como si estos fueran una especie ajena a la de nosotros, cuando en realidad la clase política también sale de nuestros grupos sociales, se desarrollan, en cierta medida, en los mismos espacios públicos que tú y yo.

Asimismo, si bien todos los gobiernos han ignorado en gran medida los problemas sociales del país, nadie, por lo menos desde José López Portillo, lo había hecho como hoy lo hace el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien parece que no solamente ignora a los mexicanos, sino que incluso parece que se burla.

Así, como considero justificado el enojo de los mexicanos, tanto hacia el gobierno actual, como a los anteriores, hay muchas otras cosas que no termino de comprender. Por ejemplo:

¿Por qué hay tantas personas que le dan a AMLO el beneficio de la duda y el tiempo, argumentando que él no puede arreglar en 3 años, lo que por tantos años se hizo mal; mientras a Vicente Fox, no le dieron dicho beneficio?

Planteo la pregunta, porque en todo caso, debió ser, al contrario. AMLO se encontró con un país institucionalizado y plenas reglas democráticas; con un sistema de partidos que había logrado consensos a partir del diálogo y la negociación; con un México mucho más democrático y transparente que el del siglo XX. Mientras Vicente Fox, tuvo que enfrentarse a todos, incluso siendo posiblemente, el principal obstáculo para no lograr más, o ir más lejos.

Entiendo el coraje y el enojo, pues me pasa lo mismo; lo que no entiendo es que muchos continúen justificando cada decisión fallida del presidente. Eso no lo entiendo porque, los que suelen defender lo indefendible ni siquiera dan argumentos que nos hagan pensar que efectivamente debemos respaldar al presidente.

Agradezco si me responden, pero agradecería también que nuestras inquietudes las empecemos a mandar no solamente al pasado, culpando a todos aquellos que nos gobernaron, sino que empecemos a mandarlas también a donde les pueden dar solución, donde tienen los recursos de la ciudadanía, donde deben asumir la responsabilidad, a Palacio Nacional, donde vivieron Maximiliano y Carlota, y donde ahora a eso, le llaman austeridad.