MUJER RESILIENTE – AGRADECIMIENTO

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Siempre es buen momento para agradecer

Ya lo decía Modesto Lafuente, “La satisfacción de encontrar un solo agradecido compensa las amarguras de muchas ingratitudes.”; podemos sentir orgullo de quienes somos y en quien nos hemos convertido, sabiendo que nos llevó a ser mejores.

Para muchos el agradecimiento es parte de su estilo de vida, por ejemplo, en Japón, el 23 de noviembre es conocido como “Kinrō Kansha No Hi“, lo que se traduce en Día del Agradecimiento por el Trabajo; un día conmemorado nacionalmente con el único objetivo de reconocer que se cuenta con espacio laboral. Mirar esos ejemplos abre el panorama a la importancia de congratularnos todos los días y expresar gratitud por ello. También implica; cuidado, responsabilidad y amor. En varias culturas orientales, esto también se visualiza al deshacerse de los objetos, no se trata simplemente de desecharlos, sino valorar el servicio prestado. Si eso es con los objetos, cuánto más debemos mirar a los ojos de los y las amigas incondicionales, la familia que siempre nos fortalece, y quienes, sin esperarlo se han atrevido a tendernos la mano en los momentos difíciles. 

Todo en la vida es pasajero, dar las cosas por sentado es desaprovechar cada instante con las sonrisas, los aprendizajes y las personas. Las vivencias nos permiten adquirir conocimiento, alimentan la experiencia y por ende, la capacidad de prever para, en un futuro, tomar decisiones más sabias, procurando siempre nuestro bienestar y el de quienes nos rodean.

Es momento de corresponder que despertamos cada mañana, que hay trabajo, que hay salud y comida en la mesa, aún más importante, que hay personas en las que podemos confiar, sujetos que se quedan a nuestro lado con la intención de unir voluntades en pos del bienestar general. 

Valorarnos tanto como a las personas, conlleva también proteger nuestra dignidad, la cual da fortaleza de mirar hacia delante sin temor al pasado; sabemos lo que es observar los ojos de las personas que apreciamos sin vergüenza de haber fallado a la palabra. Eso es invaluable.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) menciona no menos de seis veces la dignidad humana como un pilar fundamental en tanto individuos, no es conveniente reducir el término “ser pensantes”, el mundo actual nos exige llevarlo al tenor del respeto y la empatía, que las libertades de los demás llegan hasta donde vulneran la de otros. No es en vano que muchas personas defiendan su nombre y presencia frente a personas que los agravian es, de hecho, natural.

Todo a nuestro alrededor merece respeto y reconocimiento al formar parte de nuestra vida. Dar el lugar a las personas y a  las cosas es estimar, cuidar nuestra honra y la de los otros, no solo nos hace más humanos, nos hace ser parte del cambio que las nuevas generaciones piden a gritos: una sociedad justa, igualitaria, responsable con el medio ambiente, sorora y resiliente. 

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