¿Qué va a pasar con México?

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Por: Isidro O`Shea
@isidroshea


En su momento nos dijeron que la crisis del 2008, efecto de la burbuja producida por la industria inmobiliaria, era peor que la llamada gran depresión de 1929. Sin embargo, si bien fue una crisis que pegó tanto a las economías fuertes como a las débiles, y a los bolsillos de ciudadanos de todo el mundo, la razón o explicación de dicha crisis no era tan evidente en la vida cotidiana para el ciudadano de banqueta.

A diferencia de hace ya 12 años, hoy en medio de una crisis sanitaria, vemos en el día a día la explicación de la gran crisis económica que nos espera: negocios cerrados e industrias totalmente paralizadas por semanas, como efecto del COVID-19. Hoy no solamente pequeños negocios han tenido que bajar las cortinas, sino que tampoco las grandes cadenas internacionales de alimentos y ropa han sido inmunes a dicha situación.

En esa misma vertiente, mientras la Unión Europea -sin dejar totalmente de lado la cuestión sanitaria – ya se plantea soluciones, o por lo menos remedios medianos para sacar su economía adelante; sobre todo, buscando la manera de acelerar la recuperación de los países más afectados por la pandemia, de este lado del océano no tenemos ni para dónde ver ni qué esperar.

La crisis sanitaria continúa en apogeo y el gobierno federal parece que ya se ha dado por vencido. Hoy lamentablemente, las cifras de pérdidas de vidas parecen haber terminado con la capacidad de asombro de todos.

Si bien, no podemos esperar que este gobierno federal tenga los antídotos para la recuperación económica, lamentablemente tampoco lo podemos esperar de los países de la región o de las llamadas organizaciones interestatales.

Cada ocasión que se han planteado mecanismos a través de organizaciones interestatales en la región, han sido un fracaso, incluso se convierten en fracaso antes de existir como organizaciones formales; y en los simples intentos de acuerdos, rara vez llegan a un consenso. El Mercosur y la Alianza del Pacífico, los mejores ejemplos de ello.

Si volteamos hacia arriba, tampoco podemos esperar mucho, sobre todo cuando Estados Unidos cuenta con un presidente que prácticamente ha dicho que odia a los mexicanos y no ha frenado en demostrar su posición xenófoba y poco liberal, ocasionando con su poco interés por la economía en conjunto, que el primer ministro canadiense prefiera ignorar los encuentros electoreros, simulados de comerciales, entre Trump y López Obrador.

Preocupa México, porque no hay hacia dónde voltear y no se ve cómo podamos salir de esta crisis que apenas viene, cuando aún no está cerca de nuestra vista el fin de la crisis sanitaria. Peor aun pinta el panorama, si contemplamos que tampoco se ven decisiones que nos hagan pensar que por fin hay una estrategia en busca de facilitar un verdadero inicio a una nueva normalidad.

Preocupa México y no es en vano.