Lo que el temblor se llevó

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Reducida a escombros… Aunque la ayuda humanitaria es mucha para municipios como Tenancingo, el problema ahora es cómo distribuir los víveres en las comunidades alejadas del municipio. Jóvenes estudiantes han decidido aprovechar la suspensión de clases para irse de voluntarios a los poblados que quedaron destrozados por el terremoto del martes. (Foto: Victoria Acevedo)

* Doña Vera fue por sus nietas a la escuela, al regresar ya no tenía vivienda en Tenancingo.

Guillermo GUADARRAMA

Como salido de una película de terror, el reloj de la catedral del municipio de Tenancingo, marca la hora exacta del sismo acontecido el pasado martes, las trece horas con catorce minutos se marca en el inmueble, hora que jamás se borrará para muchos mexicanos.
No es coincidencia pues, tras el temblor, el reloj sufrió afectaciones que hicieron que se detuviera en ese momento y actualmente sigue sin ser arreglado, debido a las condiciones en las que este lugar quedó.
Pero no sólo los inmuebles públicos sufrieron daños en este municipio, sino que también casas, como la de doña Vera, (como se le conoce en el lugar) de la calle de Iturbide, a un par de cuadras de la catedral quien comentó que se llevó una gran sorpresa al regresar a su hogar y encontrarlo hecho polvo.
“Pues me toco en la escuela de mis nietas, había pasado por ellas y de por sí ya veníamos espantadas y cuando llegamos pues ya nos encontramos la casa tirada”, comentó doña Vera sobre lo acontecido el pasado martes. Y es que de su casa no quedó nada, pues las cuatro paredes de adobe que la conformaban fueron derribadas sin darle oportunidad de rescatar ningún objeto.
Sin embargo, doña Vera tiene un pensamiento positivo ante esta situación, pues asegura que va a salir de ésta, aunque a la llegada del gobernador de esta entidad, Alfredo del Mazo Maza, hizo caso omiso a su necesidad. “No pues sí vino, pero aquí ni se asomó, qué le vamos a hacer, si no quieren apoyar ni modo, tendremos que trabajar para salir adelante”.
Aseguró que no ha recibido apoyo de ninguna autoridad, más que de la sociedad civil quienes les han entregado víveres para su poder alimentarse.
Con una sonrisa en la cara que en ningún momento quitó y cocinando al aire libre, en lo que quedó de su patio para los que trabajan en el levantamiento de los escombros de su hogar, doña Vera asegura que saldrá adelante “con las manos y trabajándole duro”.