A mi manerA

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Peña Nieto y Castillo Cervantes. Amigos y aliados ¿por siempre?

* Amistades que “matan”.
* Ni como seguir ayudándolo.
* De que llore  en mi casa…

Por Julio A. AGUIRRE

Aceptar un favor de un amigo, es hacerle otro. John Churton.
Somos de la idea de que no existe nada más valioso que la amistad.

Sin embargo cuando los amigos son atrapados por el poder y el dinero las cosas cambian, a grado tal que hay amistades que daña y aniquila valores inculcados.
Políticamente tenemos infinidad de casos donde el amigo que llegó primero a la cima, lo primero que hace es “jalar” al compañero de toda la vida para, juntos como siempre, compartir el éxito, el dinero y el poder.
Válida práctica por supuesto. Es justamente el amigo que te entiende y comprende. Cada uno sabe de sus posibilidades, virtudes, alcances y la amistad que desemboca en lealtad. Basta un intercambio de miradas para saber, uno y otro, qué hacer.
Se debe sentir, suponemos, de maravilla decir: “Soy amigo del Gobernador”, o expresar “Soy amigo del Presidente. ¿Para qué más?, con eso tienen para que se abran todas las puertas.
Hay, políticamente hablando, amistades que “matan”. Un  amigo es quién te ayuda y te confía temas de trascendencia nacional e internacional; pues bien, ese amigo que recibió tu apoyo y confianza tiene que mostrar ser verdadero amigo y renunciar -aunque le rueguen se quede-, cuando has fallado o traicionado la confianza de quien te tendió la mano.
Para completar este laberinto agregamos que el amigo que te “levantó” ha de mostrarte la amistad abriéndote la puerta para que te vayas.
La amistad cuando es sincera se mantiene por encima de fama, dinero y poder.
Dejemos el romanticismo “mamón” que no es lo nuestro y vayamos al grano.
Enrique Peña Nieto expresó, recién llegado a la silla principal, que un presidente no tiene amigos.
Luego modificó: “Un Presidente necesita más que amigos, aliados”.
Dentro del gabinete presidencial el mexiquense Peña Nieto tiene amigos, aliados, conocidos, recomendados y parientes. Nada que no hayan hecho sus antecesores.
Para nadie es un secreto que Alfredo Castillo Cervantes es un  amigo del Presidente, un hombre muy allegado, persona de toda su confianza.
Lo fue desde que él, Peña Nieto, siendo gobernador del Estado de México, lo colocó en la Procuraduría General de Justicia.

 

Tras la llegada de Enrique Peña a la administración federal,  Alfredo Castillo fue llamado para desempeñarse como Procurador Federal del Consumidor (Profeco).
Deja el cargo para irse con el título de “Comisionado para la Seguridad y Desarrollo Integral de Michoacán”, trabajo que también quedó trunco -el problema en aquellas tierras continuó- y entonces lo llamar para dejarlo como responsable máximo del deporte en México.
Alfredo Castillo Cervantes recibía, desde nuestra óptica, “Medalla de Oro” sin la participación en la más mínima y fácil competencia.
Hoy el titular de la Conade está en boca de todo México, con la gravedad -para Enrique Peña Nieto- que la oposición quiere “hacerlo pedazos”,  ¿a Castillo Cervantes?, ¡No!, a Enrique Peña Nieto.
Volvamos al inicio, a la amistad sincera y verdadera. El titular del deporte en México -no necesariamente responsable único y directo del desastre de nuestro deporte- no debe poner en la mesa su renuncia, como anunció lo hizo.
Por amistad con el Presidente debe irse a descansar; le haría un bien -aunque el mal ya esté hecho- a un amigo sincero que lo “jaló”, lo puso aquí, lo cambió allá, removió acullá, y nada.
Lo que viene haciendo el presidente con Alfredo Castillo no es nuevo, repetimos, lo que no significa que sea lo correcto.
El horno no está para bollos (amigos). Si yo fuera presidente aplicaría lo que decimos y hacemos en mi tierra: De que lloren en mi casa, a qué lloren en casa ajena….¡Pues que lloren en casa ajena!
Total como Presidente seguiré contando con muchos amigos… y aliados. Digo.
Tal vez lloré o tal vez reí/ tal vez gané o tal vez perdí/ ahora sé que fui feliz y si lloré también ame, puedo seguir hasta el final…A mi manerA.
Correo electrónico: aguirre@8columnas.com.mx