AMLO: Líder de la comunicación política

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En 1988, el Frente Democrático Nacional lo lanzó como candidato a la gubernatura de Tabasco. Posibilidades de ganar: escasas; posibilidades de empezar a figurar: muchas. Para el 23 de noviembre de 1991, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como líder estatal opositor marchó hacia la Ciudad de México. En su llamado “éxodo por la democracia” denunciaba un fraude electoral  en las elecciones municipales de su estado. Llegó al Zócalo del país y, ante miles de oyentes, lanzó un discurso pidiendo respeto al voto. El movimiento, obligó al entonces secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, a recibirlo sin demora. Ese día, AMLO, un líder meramente local, se convirtió en un líder nacional.

En 1994, AMLO compitió contra Roberto Madrazo Pintado por la gubernatura de la entidad. Según los resultados, Madrazo ganó con el 56 por ciento de los votos. El resultado fue combatido por el perredista que inició un movimiento de protesta que denominó “caravana por la democracia”, una caminata que llegó al zócalo capitalino. Documentó el rebase del tope de gastos de campaña con las llamadas “cajas de la ignominia” que contenían la información probatoria de la costosa campaña priista. Madrazo se gastó 237 millones de pesos cuando, al parecer, el tope era de 5 millones. Su protesta quedó solo en denuncia ante la entonces Procuraduría General de la República (PGR), pero de ahí no pasó. Nuevamente, perdiendo salió ganando. El proceso fortaleció la figura del tabasqueño dentro de la izquierda del país, tanto de las corrientes históricas como de las recientes.

De manera inevitable, en agosto de 1996 ocupó la presidencia del PRD. Al término de su encargo partidista, en el 2000 fue candidato a Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Ganó aquella elección para ser el segundo Jefe de Gobierno de la capital, pero el primero en gobernarla durante seis años (2000-2005). Dos hechos quedaron grabados en la consolidación de la figura de AMLO. La primera, el debate con el Jefe Diego a quien calificó como operador del régimen salinista, apoyador del FOBAPROA. El panista se defendió, pero recibió una frase matona del tabasqueño: “Yo tengo otros datos”. Hábil, Diego Fernández quiso revirar, pero López Obrador lo remató: “Nos vas hacer lo que el viento a Juárez”. El segundo hecho fue que eligió como adversario al dicharachero presidente Vicente Fox. Lo vio, lo midió y lo venció. Las mañaneras del Jefe de Gobierno dejaron en segundo plano al presidente. El mayor ridículo del Fox fue el mayor éxito de AMLO: el desafuero. Todavía le propinó el “cállate chachalaca”. Para coraje de sus detractores, en 2004, la encuesta City Mayors lo calificó como el segundo mejor alcalde del mundo.

En 2006 y 2012 fue candidato a la presidencia de la República. Lo tildaron de “un peligro para México”. Le ganaron las elecciones, pero no lo vencieron. A pesar de llamarlo terco, obsesionado, loco y mesías tropical; incluso de compararlo con el cubano Fidel Castro y el venezolano Hugo Chávez, su figura de líder opositor crecía. Como lo que no mata te fortalece, el tabasqueño llegó a las elecciones de 2018 y ganó de calle, como nadie en la historia de México, mucho menos de la historia democrática del país. En el camino les recetó frases que lo catapultaron en el ánimo popular: “no lo tiene ni Obama”, “frijol con gorgojo”, “Andrésmanuelovich” y contó con la mejor figura cómica en el elenco del programa “el Privilegio de Mandar” de Televisa. Él mismo decía ser “Peje, pero no lagarto”.

Mientras sus opositores todavía no despiertan de la derrota, AMLO ya es presidente y cada que el momento político lo requiere apunta hacia cualquier secretaría de Estado y encuentra actos de corrupción de sus antecesores y los hace pedazos. A los neoliberales les dice: “no somos iguales” o cuando alguien lo confunde suelta mordazmente, “Eso si calienta”. En el fondo, debemos reconocer que nuestros políticos no son neoliberales; hay quienes preferirían llamarlos saqueadores del erario público.

Dominados por el enojo, sus opositores seguirán sufriendo las mañaneras y los dichos populares del mandatario que pegan con tubo entre la población. Sin ideas ni talento, seguirán haciendo “al peje, el sombrero de lado”. Andrés Manuel López Obrador es un maestro de la comunicación política. El día que lo entiendan podrán encontrar los mecanismos para ser una verdadera oposición. Mientras eso suceda, AMLO seguirá marcando la agenda nacional, el ritmo al debate político y seguirá en el centro de las mesas de los analistas.