Educación en tiempos de COVID

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POR Sandra CHÁVEZ MARÍN

 

Evitar la deserción como contribución a las nuevas generaciones

Pasamos de ser estudiantes, a expertices en ZOOM; de madres y padres a maestras y maestros, de profesores a docentes de jornadas inagotables; los mecanismos educativos evolucionaron sin previo aviso, sin preguntar. Así son las emergencias, y el sistema educativo mexicano, el tercero más grande de América latina según la CEPAL, no estaba listo para este golpe.

La UNESCO dio a conocer en el documento “Informe de políticas: La educación durante la COVID-19 y después de ella”, que la pandemia trajo consigo “la mayor interrupción de la historia en la educación”, según datos de la Institución, en marzo de 2020, el 94% de la población estudiantil mundial ya había resultado afectada, y se calcula que aproximadamente 23,8 millones de niños y jóvenes abandonarán la escuela o no podrán continuar con sus estudios. Al presentar el documento, el Secretario General de las Naciones Unidas, mencionó: “Ahora nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría despilfarrar un potencial humano incalculable, socavar décadas de progreso y agravar las desigualdades más arraigadas”.

Debemos estar conscientes de las miles de realidades existentes en México, que responden a diversas condiciones socioeconómicas, y/o a costumbres específicas; desde estudiantes que no se encuentran en condiciones de adquirir una computadora o no tienen internet, hasta casos en los que ni siquiera cuentan con electricidad. La Secretaría de Educación Pública (SEP), estima que al menos 800 mil estudiantes que concluyen el tercer grado de secundaria no ingresarán al bachillerato el siguiente ciclo escolar, debido a que se ven obligados a apoyar con los gastos de los hogares, hoy profundamente afectados por la emergencia sanitaria.

No es momento de lanzar una moneda al aire, sino de hacer una gran apuesta por el futuro de nuestro país, invirtiendo todos nuestros recursos en recuperar el presente. La alternativa es formular modelos educativos incluyentes que abonen a la eliminación de las brechas económicas y sociales; reconocer las diferencias y atenderlas debe ser prioridad para salvar a las generaciones que aprenderán en un panorama profundamente incierto.

Es necesario fortalecer el sistema educativo, destinar recurso económico no a cuenta gotas, sino en cantidad suficiente y justa, que responda a necesidades y al nivel de microrregiones, evitando generalidades que sólo visibilizan más la falta de oportunidades en ciertos sectores; por otro lado, las Instituciones educativas deben velar por renovar sus programas de aprendizaje para responder a esta emergencia, así como modificar los mecanismos y orientaciones de los apoyos y herramientas de formación brindados a las y los estudiantes, capacitar al profesorado y por supuesto, no escatimar en aprender, aprehender y desarrollar nuevas tecnologías.

La generación académica de la pandemia determinará el nuevo rumbo de la educación y los retos que siguen en términos de profesionalización; vivimos ya una nueva concepción del aprendizaje, y las actividades en el hogar.

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