El juicio eclesiástico y militar contra el Cura Hidalgo, padre de la Independencia de México

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POR Edgar ROMERO

Su nombre completo: Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, Nacido el 8 de mayo de 1753 en la hacienda de San Diego de Corralejo, Pénjamo, Guanajuato. Cursó estudios en el Colegio de San Nicolás, Valladolid (actual Morelia), del que llegó a ser rector. En 1778, fue ordenado sacerdote y en 1803 se hizo cargo de la parroquia de Dolores, Guanajuato.

El 15 de septiembre de 1910, Miguel Hidalgo hizo un llamado para una revuelta en contra del gobierno representado por los españoles peninsulares, dicho movimiento armado se extendió por diez años y culmino con la independencia política de la antigua Nueva España y la creación de un nuevo país, sin embargo y contrario a lo que muchas personas piensan, no fue Hidalgo quien culmino la obra ya que este fue excomulgado de la iglesia católica, enjuiciado dos veces, en una ocasión por el Tribunal de la Santa Inquisición y después por un tribunal militar quien finalmente lo ejecuto para después cercenar su cabeza y exponerla en la alhóndiga de Granaditas como un oprobioso ejemplo publico contra el conspirador.

Toda vez que Miguel Hidalgo pertenecía al clero religioso no podía ser juzgado ni por la autoridad civil ni por la autoridad militar, eran los tribunales religiosos quienes tenía capacidad para juzgarlo y dadas las circunstancias que acontecían en ese momento se ideó un sistema cuya finalidad era poder privar a Hidalgo de su carácter religioso. Finalmente se llevó a cabo un juicio eclesiástico en la ciudad de Chihuahua, el 27 de julio de 1811 en el cual se dictó la sentencia eclesiástica de la cual deriva lo siguiente: ”Privo para siempre por esta sentencia definitiva al mencionado don Miguel Hidalgo y Costilla de todos los beneficios y oficios eclesiásticos que obtiene deponiéndole como lo depongo por la presente de todos y declaro que en virtud de esta sentencia debe procederse a su degradación actual y real”. La sentencia se ejecutó dos días después, a primera hora de la mañana, y tubo tuvo un formato muy especial, pues se vistió e Hidalgo con sus hábitos, con sus vestidos religiosos y se le fue privando uno a uno de ellos, una vez que se terminó con esto, se le dijo “Estás degradado, ya no perteneces al clero religioso” y por consecuencia eso se le iba a entregar a la autoridad militar, quien también lo juzgaría. En la sentencia eclesiástica se había pedido encarecidamente a la milicia que no le impusieran una pena dura, como la de muerte o la de mutilación de miembros y con esto, se firmó el acta de ejecución de la sentencia eclesiástica por Fernández Valentín, José Mateo Sánchez Álvarez, Fray José Tarraga, Guardian Juan Francisco García y Fray José María Rojas, que había sido el presidente de ese Tribunal.

 

Una vez que fue entregado a autoridad militar, fue también sometido a un juicio, debido a que habían atacado a los ejércitos del rey, se les juzgo por dicho delito ante las cortes militares, se dictó la sentencia militar por el señor Rafael Bracho, quien había sido traído a la ciudad de Chihuahua por su capacidad como jurisconsulto, y él en su sentencia dijo que tanto Hidalgo como Allende habían cometido el delito de traición, por lo cual les dictaron pena de muerte, pero además por el delito de homicidio que habían cometido, también se les impuso la pena de confiscación de bienes.

 

En cuanto a la forma de ejecución para la pena de muerte. Se especifica, en la sentencia que debería ser a garrote, es decir, se le ponía contra un poste, se ata alrededor del cuello una soga que atrás se iba moviendo con una vara hasta que se le quebraba la tráquea o muriera por asfixia  la persona, sin embargo se establece en la sentencia que no habiendo en Chihuahua elementos para aplicar esta pena de garrote, serían pasados por las armas, es decir, fusilados, la sentencia fue notificada Hidalgo por Ángela Bella y ejecutada por el Nemesio Salcido, quien levantó un acta en la cual dice que fue pasado por las armas en la forma ordinaria a las 7 de la mañana de ese día, exhibiéndose su cadáver a la plaza inmediata, en la que, colocando a propósito, se mostró al público, conforme a lo que establecía la referida sentencia, y habiéndole separado la cabeza del cuerpo en virtud de orden verbal del expresado superior jefe, finalmente se dio sepultura a su cadáver por la Santa y Benemérita Hermandad de la Orden de nuestro Seráfico Padre San Francisco, en la capilla de San Antonio del propio convento. 

 

Su cabeza, junto a la de Allende y a la de otros insurgentes, fue exhibida como escarmiento en la alhóndiga de Granaditas de Guanajuato, colgadas a la vista del público en cada una de las esquinas de dicho edificio. Pues así comenzaba la guerra de independencia en México, con la derrota casi total de los independentistas, pero con algunos valientes como Morelos, que continuarían con esta guerra por los siguientes diez años hasta lograr que en nuestro país contara con un gobierno y nación propios.