ENTRE COMILLAS- MÁS RÁPIDO, MÁS ALTO, MÁS FUERTE… JUNTOS

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POR ALBERTO ABREGO

“Estos juegos serán muy diferentes a los que todos nos hubiésemos podido imaginar…No sabíamos si esta competencia se iba a realizar, batallamos para llegar aquí… Es un momento de esperanza…”

Thomas Bach, Presidente del Comité Olímpico Internacional (COI)

“Cancelen los juegos, salven vidas”

Ciudadanos japoneses protestando por la inauguración de las olimpiadas.

La cultura y la historia representadas en sus danzas llenas de colorido y disciplina enmarcaron una inauguración que en medio de una pandemia, mandaron un mensaje de empatía con el mundo. Espectáculo emotivo y sombrío, con muchos silencios donde tendría que haber euforia; expresiones artísticas sin aplausos. Son los juegos entre la enfermedad que se rebelan y persisten; los juegos que le dicen al mundo que ya hemos perdido demasiado y que hay que continuar, son los juegos de la pandemia, del espectáculo contenido, del entorno sombrío, de las gradas vacías, pero también son los juegos de la esperanza, del respeto por las pérdidas humanas y de la fortaleza de nuestra especie.

Así fue la inauguración de la trigésimo segunda edición de los Juegos Olímpicos, en Tokio. La humanidad tiene 2500 años de tradición olímpica, desde la antigua Grecia hasta hoy, y 125 años de olimpismo moderno. En Japón se invirtieron 22 mil millones de dólares, participan 207 equipos incluyendo un grupo de refugiados y el equipo de atletas que compiten pero no representando a su país, en este caso Rusia por haber sido sancionada por políticas de dopaje con algunos de sus atletas. Además de Rusia, estará ausente Corea del Norte por decisión propia.

Entre drones y canciones, emotivos discursos, desfile de atletas con emblemas multicolores, y cultura combinada con tecnología, Japón da la bienvenida a 11274 atletas de todo el mundo, proponiendo durante 17 días un mundo sin fronteras, pacífico, en armonía y unido por el deporte.

Durante esos 17 días, en la casa del sol naciente la hermandad vencerá a la perversidad y al egoísmo; pese a las adversidades, el evento deportivo más grande del mundo es garantía de ello, los atletas darán forma a un sueño armados con la disciplina y el esfuerzo, a través del deporte como ente transformador del mundo.

A la par de la celebración se manifestaron quienes desde hace meses se oponen al evento. El incremento de contagios de Covid-19 en el mundo es un argumento bastante razonable y convincente. Encuestas recientes señalaron que de 126 millones que constituyen la población nipona, el 50 por ciento está en contra de la realización de las olimpiadas. El debate no es menor, la gran decisión definitivamente tendrá repercusiones en el mundo entero, para bien o para mal. Se dice que los organizadores han implementado controles de sanidad y seguridad estrictos en la batalla contra esta enfermedad que ha lastimado y sometido al mundo. Por lo pronto, tendremos que esperar unos días para saber si llamamos a este evento “Los Juegos de la Esperanza” o “Los Juegos de la Enfermedad”.

Los atletas han empezado a tirar de este mundo hacia adelante, con lo mejor del espíritu humano, porque estos juegos son universales, y porque tienen además la misión de sanar a la humanidad en tiempos difíciles.

Más rápidos, más altos y más fuertes ante la adversidad.  Que vengan las grandes hazañas, y ojalá que el Covid-19 no le haga pagar al mundo este acto de rebelión.

RÁPIDAS MEXIQUENSES. Desde que la Organización Mundial de la Salud declaró al mundo en pandemia (allá por marzo de 2020), en el Estado de México hemos visto desfilar en repetidas ocasiones los colores del “semáforo de la salud”: Después del verde, pasamos al amarillo, naranja, rojo en el pico de la pandemia, de regreso al naranja, al amarillo y la casualidad quiso que durante las elecciones de junio nuestro semáforo estuviera en verde bandera; las medidas se relajaron y el semáforo regresó a color amarillo, y ahora está en color naranja, yo diría naranja intenso. Mientras tanto los centros comerciales llenos, los antros a su máxima capacidad, las calles abarrotadas, mucha gente sin cubrebocas y los hospitales se empiezan a saturar. El SARS-COV-2 y su variante Delta debería llamarse “El Virus de la Estupidez”. Ya sabemos qué es lo que sigue, ¿verdad?