Focos rojos

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Alberto Abrego

POR Alberto ABREGO

 

“…aun cuando el hombre se civilice, algunas veces pasa a excesos, y las normas de la vida civilizada se echan al olvido ante la agitación de las sanguinarias exaltaciones”.

Francesco Carrara (1805-1888) Penalista y profesor italiano.

 

He sentido la vulnerabilidad e indefensión al viajar en una unidad de transporte público; soy parte de la estadística de personas que han sido despojadas de sus pertenencias ante la amenaza de un arma; he sido víctima de la violencia y la censura por ejercer mi derecho a la libre expresión y he sentido la ira y la impotencia al igual que miles de personas al ser víctimas de la delincuencia.

 

Vivimos en un México donde la violencia y la inseguridad se han convertido desde hace mucho en un problema histórico, complejo y hasta el momento irresoluble, y tanto el crimen organizado como el no organizado se presentan como una fuerza imbatible que impone sus reglas desde el poder de las armas y la impunidad.

 

Los hechos delictivos generan frustración, rabia e impotencia. El salvajismo y la violencia que exhiben los asaltantes provocan traumas difíciles de superar; el ciudadano percibe el peligro desde que aborda una unidad de servicio público y se palpa el temor e incertidumbre cada vez que alguien aborda la combi o el microbús. Por ello, es de esperarse que el hartazgo social, más temprano que tarde, termine por estallar.

 

Esta semana hemos visto el video que ya recorrió al mundo: pasajeros de una combi golpean sin piedad a un asaltante, lo desnudan y lo dejan tirado en la banqueta. Por otra parte, en Iztapalapa unos delincuentes intentaron robar una casa habitación, pero fueron sometidos y un ladrón resultó muerto tras recibir despiadada golpiza por parte de los vecinos. En la Alcaldía Coyoacán, alrededor de 20 personas tundieron a golpes a dos ladrones que intentaban despojar de sus pertenencias a unos transeúntes. También en la CDMX, las víctimas se convirtieron en victimarios una noche al golpear severamente a un asaltante que intentó asaltar con pistola en mano un puesto de quesadillas. En Ecatepec, ladrones de una combi le pidieron auxilio a unos policías, ya que eran perseguidos por los pasajeros furiosos con la intención de lincharlos. En el mercado de plantas de Xochimilco, un grupo de hombres golpeó a un sujeto que fue sorprendido robando. En Cuautitlán Izcalli, Estado de México, vecinos del lugar propinaron salvaje paliza a un tipo que atraparon en pleno hurto, que arrepentido lloraba y suplicaba para que ya no lo golpearan.

 

Todos estos casos en la misma semana, los que se han podido documentar a través de video filmaciones, y de ninguno de ellos se ha sabido que se hayan presentado ante las autoridades correspondientes con la consabida denuncia, seguramente por lo complejo y difícil que es presentar una acusación, la desconfianza del uso de nuestros datos personales y en general ante la poca o nula confianza hacia nuestras autoridades.

 

Estimaciones de organizaciones no gubernamentales indican que más del 70 por ciento de los delitos en la vía pública no son denunciados, y de entre los que sí cuentan con Carpeta de Investigación, más de la mitad no son atendidas, no les dan seguimiento, o el criminal sale libre “por falta de pruebas”, y lo más probable es que a seguir delinquiendo.

 

Resulta repetitivo, pero es una realidad: la sociedad está harta de promesas y palabras cuando es víctima día a día de malnacidos, cobardes y despreciables barbajanes que se creen con derecho de amedrentar con un arma y arrebatar lo que no es suyo. Las autoridades tendrán que hacer algo más que declarar públicamente que reprueban estos actos de barbarie por no formar parte del procedimiento del un Estado de derecho.

 

Gran parte de la inseguridad en nuestro país es por la indolencia, la ineptitud, el contubernio y la negligencia de funcionarios que nada hacen por cumplir con sus deberes, abandonando a su suerte a los ciudadanos y obligándolos a defenderse como puedan y cuando puedan.

 

De ninguna manera aplaudo el salvajismo y la venganza por propia mano. No puedo alegrarme del ataque a mansalva de los pasajeros de la combi al delincuente. No es mi intención justificar la acción violenta de ciudadanos víctimas del hartazgo y el abandono, aunque millones de mexicanos y ciudadanos en el mundo que vimos el video entendamos que tal reacción fue producto del desahogo y la ira contenida. Nos debe preocupar una sociedad enferma de corrupción, violencia y claros síntomas de descomposición social.

 

Son focos rojos que los gobiernos municipales, estatales y federales no deben minimizar. Señales de alarma de una sociedad agraviada. Sería irresponsable no dar la lectura adecuada a estos hechos. No podemos decir que son los primeros síntomas alarmantes, pues son ya décadas de una pésima administración de justicia que provocan una grave percepción de la ausencia de un Estado de derecho.

 

Basta de dircursos humanistas, esto una bomba de tiempo. La inseguridad, la corrupción y la barbarie nos deben avergonzar a todos.

 

A todos…