La imagen onírica: artefacto y modelo estético I – Visualidad expandida

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POR Yuritzi BECERRIL-TINOCO

Hay un tipo de imágenes donde la dupla artefacto y objeto estético se unen. Es el conjunto que compone el universo subjetivo donde convergen el dispositivo y su correlato simbólico. Este último habitado por los sueños, la memoria y la imaginación. Lo que, en un recorrido superficial podría aparecer como una imagen fotográfica o un recuerdo-imagen situados en algún lugar de la memoria en un sentido más profundo podría ser la llave de acceso a ese mundo inhóspito que llamamos subconsciente. Hay en el subconsciente una parte elemental de lo que somos “y que sin embargo no hemos advertido”, sugiere Diego Lizarazo. La imagen onírica es una de las sustancias de nuestra vida psíquica. Estamos hechos de materia de los sueños.

Por esta razón, una de las rutas que utilizó Freud para zanjar camino en dirección al subconsciente fue la de los sueños. Freud penetró en la cueva, diría Lizarazo y otros tantos lo han hecho para entender la relación del mundo onírico con los mitos, los deseos, el miedo, o la creación artística. La siguiente es una descripción onírica contada en tres tiempos.

PRIMER TIEMPO

En los sueños, tiempo y espacio se distorsionan, estos planos responden más bien a la física del inconsciente que es intemporal, primigenia, arcaica y elemental. En este sueño que narro como primer tiempo me encuentro en un lugar abierto en medio del campo donde se pueden observar ruinas o vestigios de construcciones, el lugar se asemeja a un horno de tabiques en ruinas que solía visitar con mis primos cuando era pequeña, pero este sitio es más amplio. Estoy ahí porque estoy aprendiendo a volar. Hay que recordar que “el estado onírico permite regresiones” . A mi memoria vienen las huellas de otro sueño, soñado cinco meses antes, en el que estoy practicando el vuelo, hago intentos de despegar los pies del piso y dejarme flotar horizontalmente sin que la gravedad me regrese al suelo, descubro que la técnica es muy parecida a nadar, muevo los brazos como si estuviera nadando de pecho. Regreso al sueño. He salido con unos amigos, entre ellos a un amigo al que en el sueño considero mi maestro, visitamos ese sitio en ruinas para practicar mi vuelo. En el sueño soy consciente de que tengo memoria, recuerdo aquella vez que practique el vuelo así que ahora tengo que intentar llegar más lejos. Estoy sobre un basamento. Abro los brazos y me suelto. Dejo que el viento me lleve hacia arriba. Llego al tope de una estructura de piedra de unos diez metros de alto. Me doy cuenta que lo he logrado y que puedo continuar. Me poso en el borde de la estructura como un águila, o más bien como un gavilán. Me siento satisfecha y contenta. Sé que puedo continuar porque he logrado volar y dirigir mi vuelo sin embargo no quiero hacerlo, tengo miedo. Fin del sueño. Meses más tarde vuelvo a la práctica. Ahora estoy en una construcción muy parecida al cosmovitral de Toluca, es una especie de bodega grande o troje vacía, bien iluminada, sin vitrales, solo hay unos ventanales en lo alto. Vuelo con singular soltura, llego al tope del techo y desciendo, subo y bajo en círculos espirales sin problema. La escena se reproduce en loop. La práctica de volar en sueños se repitió sucesivamente durante 2013 y 2014. Después de ese año no he vuelto a volar oníricamente. Si el estado onírico permite regresiones y hace posible la reemergencia de deseos arcaicos, el fin de un sueño repetitivo podría indicar la consumación de una etapa que no devela represiones emocionales o tensiones puestas entre paréntesis, en este caso, el fin de una etapa marcó el fin de una serie de sueños ligados a ésta.