LOZOYA, CIRCO Y FESTÍN MEDIÁTICO

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POR Alberto ABREGO

 

“Lo que puedo referir como director general de Pemex, es que Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray Caso crearon un esquema de corrupción en el gobierno federal, en el cual el común denominador era el siguiente: todas las personas que de cierto modo apoyaron la campaña presidencial, tenían que ser remuneradas o compensadas”.

“La forma cómo eran recompensadas, era dándoles contratos de proveeduría de insumos, contratos diversos, adquisición de empresas o inmuebles, para que estas se beneficiaran. Incluso, en ocasiones después de dichas operaciones, debían devolver dinero para beneficio de futuras campañas electorales del PRI, o bien para beneficio propio de Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray Caso, u otros, como en el caso de Odebrecht que he referido”.

Los textos anteriores forman parte de una primera declaración escrita por Emilio Lozoya Austin, y entregada a las autoridades mexicanas por su padre Emilio Lozoya Thalman, según artículo del  periodista Raymundo Riva Palacio en su columna Estrictamente Personal, del pasado 14 de julio.

Por otra parte, hace apenas tres días trascendió una primera declaración de Lozoya en España, donde  desglosa más de 10 millones de dólares que la empresa Odebrecht depositó en cuentas vinculadas al PRI, y que garantizaron a través de sobornos, la reforma energética, el Pacto por México y la continuidad de los negocios de la empresa brasileña en México. De la siguiente manera:

– 80 millones de pesos a senadores del PAN.

– 6.8 millones de pesos al Presidente de la Cámara de Diputados.

– 34 millones de pesos al Director de Finanzas del PRI.

– 12 millones de pesos a funcionarios de PEMEX y de la Secretaría de Hacienda durante la administración de Felipe Calderón.

Todo ello por instrucciones de Luis Videgaray, a quien se refiere como “el número 2”.

Lo anterior, según reportaje del medio digital Código Magenta, que tuvo acceso exclusivo a la declaración inicial del Emilio Lozoya ante las autoridades de España.

En el informe, se detalla cómo a través de diferentes empresas se realizaron depósitos en cuentas extranjeras, los repartos, las compras de conciencias y componendas, donde estuvieron altamente involucrados verdaderos peces gordos que recibieron sobornos millonarios: Luis Videgaray, Ricardo Anaya Cortés, José Antonio Meade, Ernesto Cordero, José Luis González Anaya, David Penchyna, entre otros. Todo bajo la logística y supervisión de la mente maestra de Fabiola Tapia Vargas, que resultó ser dueña de una empresa hidalguense asociada con Odebrecht. Se describe además la forma en que enormes sumas de dinero fueron a parar a la campaña presidencial del PRI en las elecciones de 2012.

De acuerdo al testimonio del exdirector de PEMEX, estos son los senadores que en su conjunto fueron sobornados con los 80 millones de pesos referidos:

Ernesto Cordero, también exsecretario de Hacienda; Francisco Domínguez, actual gobernador de Querétaro; Francisco Javier García Cabeza de Vaca, actual gobernador de Tamaulipas; así como Jorge Luis Lavalle Maury, quien fue presidente de la Comisión de Administración del Senado y Salvador Vega Casillas, expresidente de la Comisión de Energía. Algunas otras publicaciones difieren un poco en cuanto a los números, pero ¿qué son unos cuántos millones más, o millones menos?

El tema sin duda dará para mucho más. El festín mediático recién comienza y seguramente se extenderá por varios meses, se seguirá filtrando nueva información en forma dosificada durante el resto del año y durante los primeros cuatro o cinco meses del 2021.

Ante el escándalo, los señalados ya declararon públicamente que no tienen nada que ver, que se han conducido con legalidad y que son unas blancas palomitas. Se presentarán algunas pruebas, otras no.

Lo cierto es que avergüenza tanta inmoralidad y cobardía, tanta deshonestidad y cinismo, tanta ignominia y estulticia impropias de seres racionales. En toda la historia de nuestro país, cada administración es el sexenio del cambio, y nuestros políticos se esmeran en enriquecerse lo antes posible y restregarnos su desprecio disfrazado, y nos tratan como un pueblo de retrasados, idiotas y estólidos; y se dedican a robar a manos llenas al amparo de una historia de impunidad.

El “señor Lozoya” está ahora en calidad de testigo colaborador  – nuestra constitución le da ese privilegio -, por eso se le protege, se le quitarán cargos, a él y a sus familiares corruptos, tendrá una sentencia mínima y en lo posible, no saldrá tan mal librado en este descomunal juego de intereses.

La corrupción desde las cúpulas del gobierno priva a millones de personas de asistencia médica, educación y perspectivas de un futuro digno. El pago de sobornos es un crimen y deja un legado de pobreza y desconfianza en millones de mexicanos. ¿Cuánta pobreza y cuánta desigualdad más?, ¿Cuántos fraudes, sobornos y deshonestidad más resistirá nuestro país?, ¿en Harvard y las mejores universidades extranjeras no les enseñaron responsabilidad moral?, ¿y sus padres, tampoco lo hicieron?, por lo visto no.

Como sociedad, debería ardernos la cara de vergüenza, porque ante la comunidad internacional México es señalado con índice de fuego como nación de mafias y autoridades corruptas. Porque cada seis años nos peleamos por hacer ganar a “nuestros candidatos”, a sabiendas que durante las campañas será la única ocasión en que los veamos de cerca.

Nuestros gobiernos han sido una penitencia para nuestra sociedad, la cual pagamos por nuestra indiferencia y nuestra apatía, por haber engendrado y permitido estas monstruosidades políticas que se hacen llamar autoridades honestas. Tanta conducta permisiva e indolencia social tienen un resultado: décadas de deshonestidad y corrupción impunes, más de 52 millones de pobres y casi 10 millones de mexicanos en pobreza extrema.

Ya lo decían los antiguos gobernantes romanos: “al pueblo pan y circo”.

Y aquí, el “señor Lozoya” es garantía de que aún habrá mucho circo.